Ayer mandé un micro relato al Castillo del "Buen Amor", han convocado un concurso para animar las próximas salidas turísticas, para cuando, por fin, salgamos del confinamiento y podamos viajar.
He estado dos veces en el Castillo, una con la familia y otra con amiguis, que diría una que yo me sé.
Ambas veces hubo experiencias, describámoslas como, "peculiares".
La primera vez, me tocó la habitación que fue la antigua cocina del castillo, una estancia grande, muy bien puesta, ninguna queja, salvo que a medianoche, ya roncando, me despertó una luz intensa dentro de la habitación, salía del suelo de la habitación.
Si, vi una figura de luz subiendo por una escalera de piedra invisible hasta entonces, era una mujer joven, llevaba sobre la cabeza una tela ocre de aspecto basto, llevaba algo en las manos, me pareció una jarra plateada.
Desde luego del siglo XXI no era la chavala.
Cuando me vio se sorprendió y se paró en seco mirándome, esperando alguna reacción por mi parte, que ni pestañeé, en cuanto comprendió que yo tenía más miedo que vergüenza, siguió su camino y la oscuridad se hizo de nuevo en la habitación.
He de confesar que antes de ir ya me habían hablado de los fantasmas de la posada, y que quizás mi viva imaginación me jugó una mala pasada, soñándolo todo, pero aún tengo dudas si fue real o no.
La segunda vez las habitaciones estaban en la parte externa, supusimos, por las troneras, que en otros tiempos fueron zonas de defensa del Castillo, hoy está todo rehabilitado.
Repartimos las habitaciones, una enfrente de la otra.
J y S en una, I y mi menda en la otra.
Pero cuando J entro en su habitación, le dio un ataque de ansiedad, así de buenas a primeras, empezó a decir que ese lugar le daba muy malas vibraciones y que allí no pasaba la noche.
Empezábamos bien.
Cambiamos de habitación, I y yo nos mirando pensando que las malas energías nos iban a dar la noche, pero, no, dormimos como lirones, sin ningún contratiempo fantasmal.
Cuando a la mañana siguiente llamamos a la puerta de J y S para ir a desayunar, nos abrieron con caras descompuestas, J estaba haciendo el equipaje a toda velocidad, S nos contó que habían tenido "visita" nocturna, J tenía abierto el whatsapp y en la pantalla del teléfono móvil varias líneas de mensajes con letras sin sentido, J juró y perjuró que no había tocado el teléfono en toda la noche y que esos mensajes eran "del más allá" , aún guardo una fotografía de esa pantalla por alguna parte, los jeroglíficos egipcios son más fáciles de comprender que esas líneas en el whatsapp.
Para rematar, S dijo que había notado como alguien le acariciaba la cara varias veces por la noche y no había sido J, eso seguro.
Si ganamos un bono para pasar un fin de semana en el Castillo, con el concurso del relatito, S e I van a flipar, porque van a ser mi compañía, a ver si a la tercera es la vencida y tenemos una estancia relajadita. Con J no cuento, aquel fin de semana fue la última vez que nos vimos, salió haciendo fuuuu como el gato.