jueves, 16 de abril de 2020
Día treinta y siete - jueves
Me recuerda I. que tengo alma de portera, algo que ya he confesado en este blog en otras entradas, y también me ha traído a la memoria un episodio que nos paso hace la tira de años en Cuenca, y es que en esa hermosísima ciudad nos han pasado cosas para escribir un libro.
J., quien huyó del Castillo del Buen Amor para siempre jamás, tras el episodio del "fantasma tocón", (ver cuaderno de bitácora día veintiséis) se casó, correría el año 1995, vaya que aunque han pasado unos cuantos años ni I. ni yo nos hemos olvidado del bodorrio ni de la juerga que nos corrimos el día de antes ni del frío que pasamos en la iglesia.
J. es de Cuenca y para allá que nos fuimos un fin de semana en pleno octubre para disfrutar de la boda de J. y P.
En el hotel "Leonor de Aquitania" ocupamos varias habitaciones, increíble que aún me acuerde del nombre.
V. y J.V. en una habitación, T. y S. en otra, I. y yo en otra, todos en la misma planta.
En la madrugada del sábado, I y yo roncando a pierna suelta, un vocerío nos despertó, en la habitación de V. y J.V. había una buena bronca.
V. se había ido de juerga sin J.V. y el rebote fue fino.
Para desgracia de mi alma de portera las paredes de las casas palacios de siglos pasados en Cuenca son gruesos y a pesar de que me levanté para enterarme del los insultos de debieron volar por la habitación de V. y J.V, no había manera de entender nada, así que, rememorando los viejos trucos de Macgyver, cogí un vasito de plástico del baño y lo pegué a la pared, la parte estrecha en mi oído, la ancha sobre el grueso muro.
No recuerdo si la audición mejoró, pero discutían de una tercera persona, lo que si recuerdo es que I. y yo nos pasamos un rato sin salir de nuestro asombro por la pelea, intercambiándonos el vasito de plástico por si captábamos algo y hablando bajito por si nos pillaban cotilleando la disputa ajena.
¡Ya ves tú lo que iban a oír con la marimorena que tenían!