domingo, 19 de abril de 2020

Día cuarenta - Domingo

Me sorprende la capacidad de adaptación del ser humano, me sorprende mi propia capacidad.
Acostumbrándome a nuevas rutinas, pequeñas obligaciones diarias; escribir este blog, mi válvula de escape en forma de palabras, el dibujito diario en la libreta, de lunes a viernes tele trabajando, poco la verdad, la producción ha bajado a cero pero correos tengo a diario unos cuantos, y eso me entretiene hasta nueva orden y el fin de semana lo ocupo en labores de intendencia, vaya lavadora, aspirador, polvo (limpiarlo, que de otros polvos llevo vida de convento de clausura)
Se me pasan las semanas rápido y cuando quiera darme cuenta estaré de vuelta a mis caminatas por
mi Madrid.
No sé qué conclusiones a largo plazo sacaré de este aislamiento, creo que recordaré cosas como el dolor por las despedidas no dadas, las lágrimas por todos los que se fueron, la angustia de las primeras semanas, la añoranza de los míos, la impotencia, la sorpresa por la solidaridad de tantos anónimos, el insomnio, los aplausos y silbidos desde mi ventana todos los días a las ocho de la tarde.
La cuestión es cuanto tiempo lo recordaremos, y cuando los seres humanos volveremos a olvidarnos del respeto que le debemos a nuestro hogar, la madre tierra.