Hoy el día empezó con malas noticias, una tía y unos amigos ingresados por posible coronavirus.
Me preocupa mi tía, los 75 ya no los cumple y con el miedo que nos están metiendo en los medios para que nos quedemos en casa confinados, pienso en mis primos, en la situación tan terrible que deben que estar pasando.
Yo me agobio porque el teléfono móvil de mi madre, a 400 kilómetros de mi, a veces falla y me angustio, así que ellos, no quiero ni pensarlo.
Lo del teléfono móvil y mi madre daría para una cuantas entradas en el blog, pero no lo haré, si se entera que comento sus pequeñas "dificultades" con el apartito, me mata. En justicia he de decir que se maneja muy bien, pero cuando hay que reconfigurar el terminal, a distancia y sin ver yo su pantalla, la cosa se complica.
En fin, que ya vamos teniendo posibles casos más cerca y yo me estoy quedando sin fruta, y sin ese alimento no puedo vivir, así que la noche pasada me la he pasado entera sin dormir calibrando mil planes para organizarme la salida al Mercadona de la esquina, quinientos metros lo más, no creo que haya más distancia desde mi portal.
No tengo mascarilla, no tengo guantes, lo que tengo es, como miembro honorifico del club de los cobardes, un miedo atroz a salir de casa.
¿Le pasa esto a todo el mundo?
El día que el virus esté controlado y nos del libertad para salir a la calle no sé si me atreveré a pisar la acera o si gritaré a todo pulmón; "puedo ver, puedo ver" como en el libro que termine anoche de Saramago "Ensayo sobre la ceguera", que no sé yo si el agobio que tengo en el cuerpo es por salir al Mercadona con el carro o por el libro de Saramago, que madre mía que mal momento elegí para leerlo, fue una recomendación de @paulifero y @lasclavesdesol que como buenos "influencer" la dejaron en lecturas "ideales" para estos días.
Si de esta no acabo en la López-Ibor será el milagro de San Coronavirus.