viernes, 27 de marzo de 2020

Dia dieciseis - Viernes

"En estos días demasiados ojos hermosos se cierran" lo escribí ayer, como única despedida a mi tía Paquita.
Se fue, falleció de coronavirus, no lo esperábamos, aunque delicada de salud hace tiempo nadie pensaba que pudiera estar contagiada, ninguno de sus hijos pudo despedirse, ni podremos hacerlo por el estado de alarma.
Dentro de ¿unos días, unas semanas? les entregarán una urna con cenizas. Nos reuniremos, lloraremos y podremos decirle adiós.Y eso será todo.
Ayer, tras la llamada de mis primos para darme la noticia, me acordé de las conversaciones que tuvimos cuando, mi padre, su hermano pequeño, hace veinticinco años, murió.
La de veces que llamé a su casa para preguntarle si se encontraba bien, cuando en realidad quien estaba mal era yo, se adoraban los hermanos.
Bendita paciencia tuvo y cuanto amor nos dio.
Con eso me quedo hoy, allá donde estén mi padre y ella estarán bien, cantando y riendo.
Ayer también sentí que mi pusilanimidad no tenía nombre, acojonarme por tener que salir a la calle a comprar, que vergüenza, de mañana no pasa pensé.
Y así ha sido, me he armado de valor y sin guantes ni mascarilla, a pecho descubierto, he salido a Mercadona esta mañana.
No he abierto la boca ni para dar los buenos días al vigilante de la entrada, me he colocado unos guantes de plástico y para dentro, a arrasar.
Con mi lista de necesidades resuelta en quince minutos me he vuelto a casa.
Limpiar todo lo que iba a la nevera con agua y lejía, poner la lavadora con la ropa que me puse, incluidas zapatillas de deporte, y a la ducha; desinfección total.
Desde donde estén, mi tía y mi padre se estárán carcajeando de mí, y yo, desde aquí, sonrío con ellos.