Estoy viendo al doctor Simón, portavoz de los avances sanitarios de la pandemia.
He escuchado y leído bastantes críticas hacia el epidemiólogo, pero me voy a reservar la opinión, de momento, sobre como están gestionado la crisis, lo que no me voy a callar es la angustia pulmonar que siento cuando le escucho hablar y dar cifras, no por lo guarismos, que desgraciadamente siguen siendo terribles, sino por esa voz que tiene el gachó, que estoy yo todo el rato aclarándome la garganta, ayudando en la distancia, por si soy así capaz de quitarle el "pollo" de la garganta, y mira que me consta, por el movimiento de la mandíbula, que se toma un caramelito antes de comparecer y que bebe agua cada poco, pero nada oye, que este hombre parece Marlon Brando en "El Padrino", aunque ahora que le estoy mirando también se me da un aire a Mr. Spok, de "Star Trek", esas cejas me desconciertan.
No voy a mencionar la misma chaqueta gris que me lleva usando desde hace quince días para las apariciones públicas, eso si las camisas se las cambia, que le tengo yo fichado el estilismo al doctor.
Aunque siendo un epidemiólogo de reconocimiento mundial, igual le copia el armario a Einstein, quien no tenía que pensar en qué ponerse cada día porque siempre iba con el mismo traje, pero en realidad tenía siete iguales en el armario, que podían pensar que era un guarro el físico, pero en realidad era bien listo, yo creo que no gastar neuronas en la vestimenta diaria hizo que fuera capaz de dar con la famosa fórmula; E=mc2.
¡Sino de qué, habría gastado toda su genialidad en combinar colores de su ropa diaria, mira la Lomana!
Perdón, es el desvarío del confinamiento, no sé que va a ser de mi cuando vuelva al despacho, confiemos que mis clientes estén tan majaras como yo cuando nos liberen.