jueves, 26 de marzo de 2020

Día quince - Jueves

Me dice mi amiga Iso, más hermana que amiga, que escribo bien y me saca una sonrisa, ya me ha alegrado el día.
La vanidad es así.
Ha querido dejar un comentario y no lo ha visto publicado.
No se puede dejar comentarios en el blog, lo sé, si, es a propósito, en realidad si se pueden dejar comentarios, solo que solo yo puedo leerlos.
"Querida amiga y compañera, dos puntos", hemos pasado tantas experiencias duras y maravillosas a lo largo de los años, Iso, que mi vida sin ti sería otra. La angustia de estos días pasará y celebraremos la vida de nuevo, aunque Sony, tu y yo siempre la celebramos cuando nos vemos, las horas vuelan a vuestro lado.
La próxima con parejas, hijos, cuñadas y suegras si queréis, pero quiero veros y dejar aparcados los problemas por unas horas, que ahí seguirán esperándonos en casa, detrás de la puerta de entrada, con el mazo para atizándonos el alma.
Bueno, ya me estoy poniendo sentimental, así que capotazo y cambio de tema.
Te cuento porqué no dejo publicar comentarios.
Primera razón, escribo cada vez menos, la pintura ocupa casi todo mi tiempo libre, ahora como tengo tanto pues también le doy al teclado, pero o hacemos un taller con @lasclavesdesol o lo volveré a dejar aparcado, pintar fuera del taller cuadros grandes no es una opción, mato el gusanillo con dibujitos a los que tu siempre le das un me gusta en instagram como buena "hermana", así que pon fecha y pa Amapolas que nos vamos.
Segunda razón. Al principio del blog si dejé abierta la opción de comentarios, hasta que alguien "de cuyo nombre no quiero acordarme" empezó a dejarme comentarios que a mi me daban risa, pero que leídos por otras personas desconocedoras de lo turbulento de nuestra relación se podrían mal interpretar, así que lo capé.
Y así lo voy a dejar, sin posibilidad de dejar comentarios públicos, agradeciendo a las personas que aún me siguen leyendo a pesar de los periodos de inactividad.
Si escribo es por pura necesidad, para expresar en letras lo que oralmente no sería capaz, cuantas veces nos callamos por no ofender, por no hacer daño, nos tragamos las palabras como dagas.
Iso, espero haberte animado un poquito y que sepas que os quiero a ti, al buenazo de tu marido y a tus churumbeles creciditos. ¡Aupa pues! ¡El agua pa las ranas! ¡Navaluenga nos espera!