miércoles, 25 de marzo de 2020

Dia catorce - Miércoles

He dormido mejor, empecé a leer un libro de matemáticas y eso es infalible, a la media hora caí a roncar a pierna suelta, que conste que me estaba gustando la materia, habiendo estudiado filosofía pura, las matemáticas me flipan, ale mis capacidades intelectuales son limitadas, lo supe bien joven cuando mi menda estudiaba tres días a todo meter para un examen y sacar un aprobado raspado mientras mi compi de mesa en el cole le echaba un vistazo tres horas antes al libro y sacaba un sobresaliente, fue duro crecer con una compi de pupitre tan brillante.
Ella ahora es médico en el Hospital Jiménez Díaz y yo tengo una Pyme.
Durante la adolescencia la admiré casi tanto como la envidié, aunque en estos días no lo hago, deben estar siendo muy duros para ella, como para tantos médicos, policías, militares, farmacéuticas, limpiadores, transportistas, cajera y me dejo muchos otros que siguen sujetando nuestro bien estar.
Mi tía parece que va mejor, la fiebre a remitido y está en planta, lo jodido es que no puede estar nadie de la familia con ella.
Se me saltan las lagrimas de pensar en los abuelos, tan frágiles. Sé que están atendidos, ojala pudiera decir bien atendidos, pero con la saturación que hay en los hospitales de Madrid no me atrevo.
Procuro ver y leer pocas noticias del panorama virulento, no sé que pensar ya, unos se tiran flores y otros les tiran mierda, unos nos quedamos en casa y otros, infectados de coronavirus, se escapan de los hospitales sin el alta médica. No encuentro calificativo para estos últimos, porque sus madres, pobres, no tiene culpa de los hijos que tienen, bastante desgracia será sufrirlos.