viernes, 1 de mayo de 2020

Día cincuenta y dos - viernes 1 de mayo

Uno de mayo, día del trabajador.
Hoy no habrá relojes ni noticias en mi casa.
Esta mañana me han amargado el despertar los agoreros de siempre, la apocalipsis económica llega, todo son "alegrías" para estos opinadores, ni siquiera hemos salido de la pandemia del covid y ya están estos jodiéndonos la poca esperanza que nos queda ¡leche que ya lo sabemos! que van a ser tiempos difíciles, pero caramba dar alguna noticia que nos anime.
Los doscientas ochenta y uno fallecidos de hoy ya es suficiente mala noticia por hoy, así que paso de índices económicos y de horas del reloj.
El reloj de pared del salón se merece un descansito.
Un siglo dando las horas, ni se me ocurre hacer el cálculo de las campanadas que habrá dado. Es lo único que tengo de mi abuela materna, bueno el reloj y un crucifijo de madera y bronce, enorme, que está colgado en mi habitación. Son las reminiscencias de catorce años de educación religiosa, el judeo cristianismo lo llevo marcado a fuego y confieso que a veces rezo, no me da vergüenza decirlo.
Cuando murió mi abuela, hace la tira de años, mi padre llamó a un tipo para que vaciara la casa a cambio de una cantidad de dinero por los muebles y enseres de la abuela. El gachó le dijo que le daba una cantidad mínima por el reloj y una colección de hoyas de cobre, que lo demás no lo quería y que el piso la vaciara "Rita la cantaora", mi padre le dijo que gracias y adiós majo, que mi padre era muy educado pero no gilipollas.
Todo se repartió entre hijas y nietos, yo pedí el reloj, me gustan los relojes mucho, ahí lo dejo por si en agosto alguien se anima, el crucifijo me cayó de rebote, pero me gusta por lo que es y por lo que significa para mi.