El trabajo ha reentrado de pleno, en casa paso horas delante del portátil, y en la oficina se me fueron las horas organizando papeles, y lo que me queda.
Llego a casa deseando ducharme, ponerme el pijama y tirarme en el sofá.
Sin ganas de escribir, ni pintar.
Los aplausos no me los pierdo, cada día se escuchan más lejanos, noto el desánimo, empezando por mi, lo de no pasar la fase del desconfinamiento me parece bien, Madrid no está preparada, por mucho que me duela decirlo y que conste que sesenta días sin poder moverme libremente también hacen mella.
Leo en Instagram a muchos médicos y enfermeras pidiendo que no nos relajemos, que lo que se ve en la calle estos días no es el camino correcto, un rebrote nos daría la puntilla y el confinamiento puede volver.
No puedo entender que los sanitarios tengan que pedirlo, casi rogarlo, se han dejado la piel y la vida en cuidarnos, ahora es nuestro momento de devolverles los cuidados, dejar los gestos simbólicos, léase aplausos, y que empecemos a comportarnos como ciudadanos responsables y solidarios.
Echo de menos una campañita de influercers recomendando ser respetuosos con las medidas de seguridad, hemos visto mil directos hablando de cada recoveco del virus, conciertos solidarios, rifas para recaudar dinero, iniciativas todas loables, pero ahora toca hacer, dejar de hablar y arrimar el hombro.
Ahí dejo la idea para los que movéis millones de personas en redes, concienciad, usad el poder que tenéis.