lunes, 25 de mayo de 2020

Fase 1 día 1

Nunca imaginé que las orejas sirvieran para tantas cosas, ajustar la mascarilla, sujetar las gafas, los auriculares del teléfono, pendientes a lo Lola Flores.
He salido a la oficina, esperé a las diez para no incordiar a los deportistas que te pasan resoplando  y sudando dejando las miasmas en el aire libres para los que quedamos atrás.
Por mi calle, centro de Madrid, había más gente que en la guerra, todas las tiendas abiertas,  mucha mascarilla y algunos a su puta bola, que esto es Madrid y “pa” chulos nosotros.
Y yo me pregunto ¿que no entenderán estos y estas mozas que van sin tapabocas que es obligatorio, obligatorio? Algunos la llevan en la mano, o bajada en la barbilla, o colgada de una sola oreja, hasta de codera, he visto a un matrimonio muy bien conjuntado con sus mascarillas en el codo, tan monos oyes, y es que ya lo dice el refrán, dos que duermen en el mismo colchón son de la misma condición; insolidarios.
(Aúpa Lula, vuelve pronto Talguito)