miércoles, 16 de junio de 2010

Martes

No todo iba a ser penas esta semana, que desde el domingo no pego ojo, dándole vueltas a los lios familiares.
Esta mañana me ha llamado Karen, su compañera de abono en el Real no está en Madrid, y allá que me he ido esta tarde, hacía mucho que no iba al Teatro Real.
Hemos visto una opera que yo esperaba dura, Wagneriana, en cambio he de decir que es de las que más he disfrutado en el Real.
Aunque ninguna como “Lucia de Lamermoor” ¡Dios que emocionante fue! ¡Que voz tenía la soprano! La gente la aplaudía a rabiar, y se oían desde el gallinero gritos de: ”brava, brava, bravísima”
Karen ha llorado, se emociona con las operas alemanas, para algo es alemana ella, le traen recuerdos de su infancia, me lo ha confesado, y entre confidencias me ha dicho que su favorita es “Fidelio”, no compartimos gustos.
El montaje magnífico, moderno, pero sorprendente.
La opera vista ha sido “Die tote stad” o, traducido, “La ciudad muerta” de Erich Wolfgang Korngold (1987-195)
Mañana he invitado yo a Karen, a la presentación del libro de Javier Reverte, no suelo ir a estas cosas, pero a Karen le apetecía y con ella me será más agradable.
Ya contaré que tal ha ido la cosa.