Yo creí que vivía en un edificio normal, yo pensé que moraba en un barrio "decente", pero ya lo dice mi madre; “Don Creíque y Don Penséque, íntimos amigos de Don Tonteque”
Y sí, esta tarde me he cruzado con un policía en el portal.
Abría yo la puerta de mi casa, para llevar unas chaquetas al tinte, y me encontrado a la vecina, con su puerta abierta, la cara blanca pálida y gesto de susto.
- ¿No has oído la pelea? – me ha preguntado casi temblando, y con una indumentaria que no voy a describir, porque ¿quién no está en su casa con bata de seda con motivos chinos y rulos en la cabeza?
- No, he escuchado ruidos, y un mueble caer, pero pensé que era tu marido haciendo bricolaje en casa. - He disimulado el shock bajando la mirada, mis vecinos habitualmente tienen broncas y dan sus buenos gritos también, ya ni les doy importancia. Cuando me mudé pegaba la oreja a la pared para enterarme del motivo de la bronca, y es que tengo alma de portera; noble oficio que ejerció mi abuela Guillerma en una respetable finca de la calle Castelló, y es que me temo que aparte de haber heredado la cara de mala leche de mi abuela, también me dejó en los genes esa curiosidad innata de todos los cotillas.
- No, no, son los de arriba de mi piso, el hijo parece que está pegando a la madre, he sentido gritos y llantos, mi marido ha bajado a hablar con el portero para llamar a la policía. – La vecina estaba asustada de verdad.
La conversación apenas ha durado unos minutos, y cuando he salido del ascensor ya llegaba la policía.
He hecho mis recados, y habré tardado una media hora en volver a casa, y la bronca seguía arriba, he oído la voz de una mujer joven, supongo que era una policía que ha venido a hablar con la vecina de arriba, a tranquilizarle.
El hijo; el causante de este lío, le pega a la frasca, dato que empieza a ser sospechosamente habitual en mi vecindario, entre J.M y este otro, del que no sé el nombre, tenemos el cupo de alcohólicos cubierto en el edificio.
¡Virgencita, que me quede como estoy!