jueves, 17 de junio de 2010

Jueves

De nuevo hoy he estado de visita en un hospital.
Carmen es una muñeca, tan perfecta, con sus cinco deditos en cada manita, sus uñitas como alfileres, lleva una manoplitas diminutas para que no se arañe la cara, porque no hace más que moverse y llorar.
Nos ha salido llorona Carmencita, la pobre solo chupa aire, le ponen en la teta para que le suba la leche a mi prima y no hay manera, y claro pues llora la criaturita.
Alfonso, su padre, la ha cogido como si nada, es primerizo, pero el tío no veas que destreza se gasta con su hija, se la ha puesto en el hombro y Carmen ha soltado unas cuantas y sonoras pedorretas, y es así siempre; aire que entra, aire que sale.
Después se ha quedado tan tranquila en su cuco, dormidita aprendiendo que es esto de vivir.
Nosotros, que éramos unos cuantos, hemos seguido de charla mientras la niña dormía, sólo cuando una enfermera ha traído la cena, nos hemos percatado que igual les apetecía, a mi prima y a su marido, un poco de tranquilidad. Y cada mochuelo a su olivo.
De camino a casa he hablado con mi hermano, mañana me han invitado al Prado, pero no se acordaba para que exposición era, si es para Turner, mañana estoy como un clavo es la puerta a las doce, sino lo pensaré, que me parte la mañana.
En fin, mañana viernes, tengo comida con Iso, Karen y Sagra, veremos como acabamos.
Seguiré contando.