Hoy toca día doméstico, lavar, planchar, rellenar la despensa, en fin, una mañana llena de emociones fuertes.
Ale, esta tarde no me pienso perder la clasificación de la Formula 1 ¡¡¡Alonso, Alonso!!!
Bueno, a lo que iba. He salido a comprar, y me he cruzado con J.M.
Sé su nombre, porque un día me lo dijo, yo le dije el mío, pero no se acuerda, porque iba con una borrachera de aúpa, vamos que desde que me mudé a esta casa, hace cinco años, siempre le he visto curda, nunca sereno.
Tiene más o menos mi edad, es bien parecido y educado.
Va con muletas, lleva prótesis, tiene las dos piernas amputadas porque con 20 años se tiró al metro, con la intención de matarse, no lo logró.
Aparte de alcohólico es esquizofrénico.
Más de una vez le he encontrado tirado en el portal, le he levantado, y se ha ido tambaleando hacia el ascensor sin decir ni gracias, y yo con los riñones destrozados, que levantar 80 kilos no es tarea fácil.
Otro día se cayó hacia atrás en los escalones del portal, subir con muletas y borracho es lo que tiene, rompió con la cabeza el cristal de la puerta, dejó el marmol blanco del portal fino de sangre, y le dieron varios puntos de sutura.
Una Nochevieja, salía yo a cenar a casa de la familia, y lo encontré en el portal, dos tipos fornidos le ayudaban a subir las escaleras, no era capaz ni de agarrar las muletas, y J.M. no consentía que le levantaran en volandas, y no hacía más que dar gritos de que le dejaran subir sólo, su madre contemplaba la escena llorando en el rellano del portal, toda la Nochevieja me pasé pensando en esa pobre madre y lo que tenía que pasar con un hijo así.
Y es que J.M., cuando está beodo, se pone agresivo con todo quisqui, especialmente con su madre, muchas veces escucho por uno de los patios los gritos que le da a su madre, pidiéndole dinero para bajar al bar, o llamándola de todo menos bonita.
Bueno, pues J.M. lleva ingresado unos cuatro meses, está en un centro psiquiátrico, intentando rehabilitarle de su alcoholismo y tratando su esquizofrenia, porque se negaba a tomar la medicación.
Los fines de semana le dejan volver a casa, y se las pilla dobladas aprovechando la libertad.
Hoy al salir le he encontrado, sentado en la terraza del bar de la esquina, tenía un carajillo sobre la mesa, y los ojos brillantes.
Le he preguntado ¿Cómo andas? Y él me ha contestado, con humor, que si se lo preguntaba con segundas, nos hemos reído y ha iniciado un rato de charla.
Es un hombre inteligente y muy culto, tiene mucho tiempo para leer, pero es un hombre sólo, sin amigos, sin afectos, y tras hablar un rato con él de filosofía, darle ánimos en esta etapa de su vida, se ha echado a llorar, me ha dado la mano y he entendido que la conversación se había terminado.Me he alejado a mis cosas, y la vuelta ya no estaba en la terraza.