El próximo lunes pasamos a la fase 2, estamos de enhorabuena, los muertos ya no se cuentan por día, sino por semana, pero hay un cacao maravíllao que nos se aclaran ni en el ministerio. El mismo lío que tengo yo con las cosas que se pueden hacer y las que no en la nueva fase, yo salgo cuando quiero, poco la verdad, pero no tengo en cuenta horarios. A la mañana a la oficina temprano, con mi mascarilla, el paseo matutino, si hablo con alguien a dos metros y a gritos, que con la mascarilla y la distancia no hay quien se entienda y a la tarde, de nuevo paseando, al despacho de casa.
Creo que se va a quedar montado, aunque es un poco pequeño me ha salvado estos meses y me ha servido para terminar hoy, por fin, el último de los cursos a los que me apunte al principio de la pandemia, la semana pasada hice el examen final y hoy he mandado el proyecto final, san se acabó, qué ganas tenía caramba. No me vuelvo a meter en estos líos hasta la próxima pandemia, que espero no llegue nunca aunque escucho a muchos médicos decir que nos estamos relajando, no seré yo, que no tengo intención de hacer botellón ni irme de terracitas cerveceras, aún, que todo llegará.. (Tengo unas ganas de Navaluenguear, que ahí lo dejo pring)
También tengo ganas, y muchas, de museos. Pero, de momento, relax que esta mañana he leído un artículo de las consecuencias del virus en los enfermos recuperados, y se me han puesto los vellos de punta, cuantos enfermos crónicos van a quedar, en fin, al menos lo pueden contar y eso es lo importante. ¡Aúpa!