A veces la vida llega y te da un buen sopapo en la cara y te devuelve a la realidad.
Esta mañana uno de mis mejores clientes me ha dejado caer que va a escuchar ofertas de mi competencia. No es que me haya enfadado, porque unos clientes van y otros vienen, pero jorobarme, si, me ha jorobado. Todo el día estuve dándole vueltas al asunto, pensando en la pasta que se me podía escapar si finalmente se va a otro despacho.
Así que ha sido un lunes regular desde primera hora.
Al volver a casa, paseando y escuchando a Amy Whitehouse y su "Back to black" a todo volumen he olvidado un rato "mi gran problema"
Pero el whatsapp me ha rematado. El fallecimiento de alguien siempre me hace replantearme todo, me zarandea y me coloca en mi sitio, todos mis "grandes problemas" se hacen diminutos, se evaporan y todo cobra su verdadera dimensión.
No puedo, no debo quejarme.
Lamentablemente, mañana volveré a cabrearme cuando un cliente mal educado me toque las narices y las cosas pequeñas, ínfimas, se me harán montañas gigantescas, hasta que otra persona cercana se vaya al otro barrio y todo lo fundamental se me colocarña de nuevo, para volver a descolocarse por alguna bobada, y así hasta el infinito y sea yo quien se vaya "pa allá" y un alguien que me aprecie repare en lo imbéciles que somos los seres humanos, valorando tanto lo que no tienen valor, y no dandole importancia a lo que de verdad la tiene.