domingo, 15 de noviembre de 2015

París, Londres, Madrid, Nueva York.

Que no me malinterprete nadie. Solo reflexiono en alto.
Los atentados de París no me parecen justificables, bajo ningún concepto, pero me surgen preguntas, muchas, y la que más me inquieta es; ¿Por qué hombres y mujeres nacidos en Europa, educados como cualquier otro occidental deciden dejarlo todo, incluida su propia vida, y convertirse en radicales Islamistas suicidas y asesinos?
Si, no me olvido que su religión es el Islam, y que puede parecer que la cultura judeo-cristiana y el Islam chocan hasta el punto de ser incompatibles, pero yo no lo creo, tienen tanto en común, que si nos molestáramos en compararlas, nos sorprenderíamos, pero los egocéntricos occidentales no perdemos el tiempo en ombligos ajenos.
En Madrid hay Mezquitas, Iglesias Católicas, Iglesias Protestantes, Centros Mormones, Baptistas, Budistas y hasta Sintoístas. ¿Por qué los no islamistas no se han radicalizado?
Retrocedamos en el tiempo a la guerra del Golfo y a la caída de Saddam.
Hasta entonces el avispero religioso de los países islamistas, Sunitas, Chiítas, y sus respectivas corrientes internas, se mantenían en un delicado equilibrio, con escaramuzas locales de las que el resto del mundo apenas tenía noticias, choques por el poder político local camuflado por creencias religiosas.
La guerra del Golfo, 1990-1991, librada por Naciones Unidas (34 países) y liderada por Estados Unidos contra Irak, que había invadido Kuwait, fue el primer conflicto armado televisado hora a hora, vimos las atrocidades de ambos bandos, pero he de decir que la capacidad aniquiladora de occidente era mucho mayor, en apenas un año Kuwait recuperó sus campos petrolíferos y quedo eternamente agradecida a Naciones Unidas, siendo una fiel aliada en sus exportaciones de petróleo.
(Si en Kuwait en vez de abundancia de oro negro hubiese habido lechugas para alimentar a todos los veganos del mundo, ni Naciones Unidas ni nadie hubiera intervenido para salvar a los vegetarianos del mundo, claro que otra cosa muy distinta son las poderosas multinacionales petrolíferas)
Conviene recordar que en los años 80, Estados Unidos apoyó a Irak en su enfrentamiento con Irán, y que pocos años después de la victoria de Irak sobre Irán, Saddam aniquiló a miles de Kurdos con gas nervioso, ni Estados Unidos, ni Naciones Unidas hicieron nada por derrocar al asesino Saddam entonces, quien siguió gobernando bajo el estricto control de occidente.
En el 2003, y tras la horrible ofensa de la caída de las Torres Gemelas en Nueva York, año 2001, la coalición formada por Estados Unidos, Reino Unido, Australia, España y Polonia declararon la guerra a Irak, el pretexto fueron las jamás encontradas armas de destrucción masiva.
Cada día los informativos abrían con noticias de la guerra, de los avances de la coalición contra el dictador.
Los buenos, o sea nosotros los occidentales, íbamos ganando y lograríamos la victoria final, todo era triunfalismo; la democracia vencería a la dictadura.
Solo unos años después fuimos conscientes de las salvajadas cometidas contra civiles iraquíes, de no haber sido por las filtraciones de Wikileaks, seguiríamos en la inopia de la brutalidad de la coalición.
¿Alguien se ha percatado de que después de la caída de Saddam los noticiarios alejaron el foco de Irak?
De todo se aprende, los políticos y militares comprendieron que tanta difusión no era buena, para los menesteres bélicos la oscuridad va mucho mejor que las cámaras. (Que se lo digan a la familia Couso)
La opinión pública occidental se echó encima de sus líderes tras descubrir las mentiras de la coalición para intervenir en Irak, de su abuso de poder, de su interés económico y no ideológico.
Los ciudadanos de occidente no justificaban los medios para lograr el fin y de una manera muy democrática los presidentes de Estados Unidos, Reino Unido, España, Australia y Polonia, fueron apartados del poder político, en sus hojas de servicio una mancha quedará para la historia.
Desgraciadamente en España nos costó 193 muertos y 1858 heridos, sin contar los militares que se dejaron la vida por la bandera.
De aquellos mimbres salieron estos cestos.
En Europa las noticias han dejado de llegar, pero la guerra continua, miles de militares ocupan territorios en conflicto, empresas armamentísticas venden a diestro y siniestro sus últimos inventos demoledores y nosotros, pacíficos occidentales de a pie, hemos vuelto a nuestras confortables vidas, ignorantes del sufrimiento de otros.
¿Nos sigue extrañando que algunos se radicalicen hasta el punto de envolverse con un chaleco lleno de explosivos y reventarse rodeado de franceses, británicos o españoles?
Esta mañana he escuchado en la radio a una tertuliana que decía que había que aniquilar el estado Islámico, con toda la contundencia que las armas nos dan, (como si no lo estuvieran haciendo ahora mismo, con drones no tripulados)
He escuchado que debemos expulsar a los musulmanes, otro decía que España se tendría que declarar estado católico y no aconfesional como es ahora, y que se prohíban las Mezquitas.
Los occidentales, a pesar de ser los más avanzados tecnológica, social, económicamente estamos ciegos, se ocupan muy mucho de que lo estemos y la mayoría nos dejamos manipular como obedientes ovejitas; los pastores silban y todas al unísono nos movemos a donde manden.
Nos manipulan como quieren, algunos consentimos y nos ponemos la venda para no ver por pura cobardía, otros, con menos criterio, creen a pies juntillas lo que les dicen y se dejarían matar por ello.
¿Qué decir del nivel de manipulación de otras culturas no occidentales?
Vuelvo a la pregunta del principio.
¿Por qué hombres y mujeres nacidos en Europa, educados como cualquier otro occidental deciden dejarlo todo, incluida su vida, y convertirse en radicales Islamistas suicidas y asesinos?
No creo que el Islam sea la única respuesta.
Desde las cruzadas la religión ha sido la excusa para mangonear a los humanos, los poderosos mandaban a la muerte a otros, con el único fin de ser más importantes, más influyentes.
El poder político y la religión han estado íntimamente ligados durante demasiados años, tanto que, aún hoy siglos después de las cruzadas, creemos que los terroristas que el día 13 asesinaron a 129 personas en París lo hicieron para acabar con nuestra civilización judeo-cristiana.
Para mí solo es una lucha por poder político, disimulada por la cortina de la religión.

Fanáticos que empuñen las armas también los encontré yo esta mañana cuando escuchaba la radio.