sábado, 30 de octubre de 2010

Tristes, tristes

Hoy hace 100 años que nació Miguel Hernández, en Orihuela.
Treinta y un años después moría entre los muros del Castillo de Santa Barbara en Alicante.
Pastor de cabras desde su juventud, devoraba libros en el silencio del pastoreo.
Su obra pretendió ser sepultada junto a sus huesos, pero cien años después recordamos su nombre con nostalgia.
De quienes le intentaron enterrar en el olvido, no queremos ni recordar sus nombres.
Fue detenido en la frontera de Portugal, cuando trataba de pasar el control policial. Llevaba la ropa hecha jirones, barba de varios días, mugre en el cuerpo, pero le delató el único regalo que recibió en su boda; un reloj de oro.
Aquel fue su último día de libertad.
Me gusta este poema suyo.


Tristes guerras
si no es amor la empresa.
Tristes, tristes.

Tristes armas
si no son las palabras.
Tristes, tristes.

Tristes hombres
si no mueren de amores.
Tristes, tristes.