miércoles, 13 de octubre de 2010

Médicinas

Esta mañana tenía cita con mi medico de cabecera, pedí hora a las 8.15 de la mañana.
Me he despertado a las 7.44 y he corrido de lo lindo para llegar a tiempo.
En la consulta nadie esperaba, los que se vacunan contra la gripe están una planta más abajo.
Me he sentado a esperar, lo habitual es que la doctora salga y diga el nombre del paciente.
Un hombre entrado en años y en carnes, ha salido del baño y se ha metido en la consulta de la doctora sin llamar.
He pensado que era un paciente que había tenido una "urgencia biológica".
He seguido esperando.
Han abierto la puerta y la doctora y el señor han salido, ella le tuteaba, he supuesto que era su marido, y se han ido a otra planta, minutos después han aparecido, él venía con un algodoncito en el brazo, recién vacunado, se había saltado la cola y se han vuelto a cerrar en la consulta, por unos momentos me he sentido invisible.
He seguido esperando.
Han llegado dos tipos encorbatados, visitadores médicos he supuesto, que en cuanto ha salido el marido de la médico, se me han colado en la consulta con el consentimiento de la facultativa.
Media hora después he entrado a la consulta, con una cara de pocos amigos que no ha debido pasarle desapercibida a Dña. Soledad.
Le he pedido mis medicinas y me he ido. Cinco minutos me parecen mucho tiempo para mi gestión.
No es la primera vez que me hace sentir invisible, así que he decidido que voy a cambiar de médico de cabecera, y que le den. ( O que me den a mí)