Ayer vi una exposición de fotografía, el titulo es indicativo, “Los Años de Plomo en España”, es una retrospectiva de los años desde la Guerra Civil a los años setenta.
Cuatrocientas y pico fotos en tamaño gran formato.
Si el tamaño impresiona, lo que más impacta es el contenido, las imágenes en sí.
Las miro y las remiro, y me viene a la cabeza la frase; “A España no la conoce ni la madre que la parió” Y es verdad, cuanto hemos cambiado, ni yo que he vivo aquí reconozco mi país.
Hay muchas fotos de Madrid en la época de la guerra, “La Cibeles” completamente cubierta de tierra para que las bombas no la dañara, niños y niñas jugando a soldados y enfermeras desfilando por las calles entre las miradas orgullosas de los madrileños de entonces.
No sé por qué cada vez que veo algo de la guerra me acuerdo de mis tíos Teodoro y Vicenta. Él fue general en el bando perdedor.
Murieron los dos hace quince años, con pocos meses de diferencia.
Eran muy mayores, y no tenían hijos (bueno Teodoro si tenía dos hijas, de un matrimonio anterior a quienes apenas conoció, pero esa es otra historia, hermosa y triste a la vez, porque por amor a mi tía renunció a todo lo anterior de su vida, el amor venció, con un alto coste para él, quien perdió una guerra y una familia)
Como yo me había ocupado “tan bien” de todo tras la muerte de mi padre, por unanimidad familiar me convertí, con apenas veintinueve años, en responsable de todas las decisiones. Como ya he comentado en otras entradas, esa fue una de las herencias que me dejó mi padre, “responsable de marrones y decesos familiares”
La otra herencia que recibí de mis tíos fue un reloj de pared, el cual guardo como un tesoro, primero porque me encantan los relojes de pared, con esa leyenda que algunos llevan grabada: “Tempus Fugile”, tanta profundidad en tan sólo dos palabras, y segundo porque quería a mis tíos, por su coherencia en sus vidas y porque eran buena gente, aunque sé que mi tío en la guerra no debió ser un santo.
Más de una vez me contó, entre confidencias dominicales, como estuvo en el paredón esperando ser fusilado por dos veces, pero en ambas ocasiones, y en el último momento, la orden no llegó a darse.
Yo le decía, en broma, que Dios le había ido a ver, y el miraba muy serio, como era él, y no decía nada, como si no me hubiera escuchado, desviaba la mirada y seguía con sus batallas.
Eran, mis tíos, comunistas hasta las trancas, así vivieron y murieron, él detestaba a los curas, y eso que en sus tiempos mozos fue seminarista, allí fue donde su pensamiento se radicalizó a la izquierda, en sus días de seminario.
Si, las fotos en blanco y negro me traen ese tipo de recuerdos, tiempos difíciles para muchos aquellos años, afortunadamente, si, a España no la conoce ni la madre que la parió.