En la facultad tenía un compañero, Luciano, que era un defensor acérrimo de la poesía, los demás le hacíamos bromas, preferíamos a Nietzsche o a Marx, lecturas sesudas y serías frente a la fragilidad de las rimas de Luciano.
Nunca he comprado un libro de poesía, alguien me regalo "Veinte poemas de amor y una canción desesperada", me gustó, no sé si por los poemas o por quien me lo regaló.
Siempre he pensado que la poesía se extinguiría, pero me sorprende ver en muchos blogs, a los que llego por azar, que hay tantos poetas como prosistas, y la mayoría gente joven.
Está claro que me equivocaba, y me alegro del error.
Hace bien poco he descubierto la poesía en una mirada, en una sonrisa, ahora entiendo porqué la poesía sigue ahí; mientras haya alguien enamorado, habrá poesía.