Hoy he tenido bronca con uno en la calle, bueno digamos mejor, un intercambio poco amistoso de palabras, eufemismo al canto.
Mira que yo no me peleo con nadie, que por no discutir me muerdo la lengua, que voy con mi música puesta y me aíslo de todo y de todos, que voy pensando en mis cosas, sin ver lo que miro, pero hoy me ha tocado las narices un “mesie”.
Ya he dicho que voy caminando a la oficina, y hoy añado que paso por tres colegios a la hora de entrada de los niños.
Hay días que los críos, que no tienen culpa de nada, están en medio, sin dejar pasar, jugando, y los papás y mamás de charlita mientras los niños esperan entrar a clase.
Hasta aquí todo normal, suelen dejar un pasillito en la acera, que en este caso tiene más de seis metros de anchura, y otros días zigzagueando logras atravesar la tropa de críos y de papás.
Pero hoy, al pasar por el segundo cole, me ha sido imposible pasar, he tenido que pararme varias veces, empujar delicadamente a algún niño y cuando he logrado pasar, he dicho bien alto; “¡Caramba es que ni se puede pasar!” Y el idiota de turno, en vez de pensar, “Vaya, es verdad, están todos los chicos por en medio y no dejan paso libre para los peatones”, va y dice: “Claro esto es un colegio”
Me he vuelto, con cara de mala ostia, y le he dicho; Perdone, esto no es un colegio, es una acera de la calle, y más les valdría a algunos padres entrar a clase a aprender urbanidad.
Me he dado la vuelta y he subido el volumen del mp4.
El resto del camino me lo he pasado refunfuñando, imaginándome contestaciones al tipo.
Y es que no me extraña que los niños de ahora sean tan irrespetuosos con los profesores, con este ejemplo de padres nada me sorprende ya.