Hoy hace 100 años que nació Miguel Hernández, en Orihuela.
Treinta y un años después moría entre los muros del Castillo de Santa Barbara en Alicante.
Pastor de cabras desde su juventud, devoraba libros en el silencio del pastoreo.
Su obra pretendió ser sepultada junto a sus huesos, pero cien años después recordamos su nombre con nostalgia.
De quienes le intentaron enterrar en el olvido, no queremos ni recordar sus nombres.
Fue detenido en la frontera de Portugal, cuando trataba de pasar el control policial. Llevaba la ropa hecha jirones, barba de varios días, mugre en el cuerpo, pero le delató el único regalo que recibió en su boda; un reloj de oro.
Aquel fue su último día de libertad.
Me gusta este poema suyo.
Tristes guerras
si no es amor la empresa.
Tristes, tristes.
Tristes armas
si no son las palabras.
Tristes, tristes.
Tristes hombres
si no mueren de amores.
Tristes, tristes.
sábado, 30 de octubre de 2010
miércoles, 27 de octubre de 2010
Poesía
En la facultad tenía un compañero, Luciano, que era un defensor acérrimo de la poesía, los demás le hacíamos bromas, preferíamos a Nietzsche o a Marx, lecturas sesudas y serías frente a la fragilidad de las rimas de Luciano.
Nunca he comprado un libro de poesía, alguien me regalo "Veinte poemas de amor y una canción desesperada", me gustó, no sé si por los poemas o por quien me lo regaló.
Siempre he pensado que la poesía se extinguiría, pero me sorprende ver en muchos blogs, a los que llego por azar, que hay tantos poetas como prosistas, y la mayoría gente joven.
Está claro que me equivocaba, y me alegro del error.
Hace bien poco he descubierto la poesía en una mirada, en una sonrisa, ahora entiendo porqué la poesía sigue ahí; mientras haya alguien enamorado, habrá poesía.
Nunca he comprado un libro de poesía, alguien me regalo "Veinte poemas de amor y una canción desesperada", me gustó, no sé si por los poemas o por quien me lo regaló.
Siempre he pensado que la poesía se extinguiría, pero me sorprende ver en muchos blogs, a los que llego por azar, que hay tantos poetas como prosistas, y la mayoría gente joven.
Está claro que me equivocaba, y me alegro del error.
Hace bien poco he descubierto la poesía en una mirada, en una sonrisa, ahora entiendo porqué la poesía sigue ahí; mientras haya alguien enamorado, habrá poesía.
domingo, 24 de octubre de 2010
Los años de plomo en España
Ayer vi una exposición de fotografía, el titulo es indicativo, “Los Años de Plomo en España”, es una retrospectiva de los años desde la Guerra Civil a los años setenta.
Cuatrocientas y pico fotos en tamaño gran formato.
Si el tamaño impresiona, lo que más impacta es el contenido, las imágenes en sí.
Las miro y las remiro, y me viene a la cabeza la frase; “A España no la conoce ni la madre que la parió” Y es verdad, cuanto hemos cambiado, ni yo que he vivo aquí reconozco mi país.
Hay muchas fotos de Madrid en la época de la guerra, “La Cibeles” completamente cubierta de tierra para que las bombas no la dañara, niños y niñas jugando a soldados y enfermeras desfilando por las calles entre las miradas orgullosas de los madrileños de entonces.
No sé por qué cada vez que veo algo de la guerra me acuerdo de mis tíos Teodoro y Vicenta. Él fue general en el bando perdedor.
Murieron los dos hace quince años, con pocos meses de diferencia.
Eran muy mayores, y no tenían hijos (bueno Teodoro si tenía dos hijas, de un matrimonio anterior a quienes apenas conoció, pero esa es otra historia, hermosa y triste a la vez, porque por amor a mi tía renunció a todo lo anterior de su vida, el amor venció, con un alto coste para él, quien perdió una guerra y una familia)
Como yo me había ocupado “tan bien” de todo tras la muerte de mi padre, por unanimidad familiar me convertí, con apenas veintinueve años, en responsable de todas las decisiones. Como ya he comentado en otras entradas, esa fue una de las herencias que me dejó mi padre, “responsable de marrones y decesos familiares”
La otra herencia que recibí de mis tíos fue un reloj de pared, el cual guardo como un tesoro, primero porque me encantan los relojes de pared, con esa leyenda que algunos llevan grabada: “Tempus Fugile”, tanta profundidad en tan sólo dos palabras, y segundo porque quería a mis tíos, por su coherencia en sus vidas y porque eran buena gente, aunque sé que mi tío en la guerra no debió ser un santo.
Más de una vez me contó, entre confidencias dominicales, como estuvo en el paredón esperando ser fusilado por dos veces, pero en ambas ocasiones, y en el último momento, la orden no llegó a darse.
Yo le decía, en broma, que Dios le había ido a ver, y el miraba muy serio, como era él, y no decía nada, como si no me hubiera escuchado, desviaba la mirada y seguía con sus batallas.
Eran, mis tíos, comunistas hasta las trancas, así vivieron y murieron, él detestaba a los curas, y eso que en sus tiempos mozos fue seminarista, allí fue donde su pensamiento se radicalizó a la izquierda, en sus días de seminario.
Si, las fotos en blanco y negro me traen ese tipo de recuerdos, tiempos difíciles para muchos aquellos años, afortunadamente, si, a España no la conoce ni la madre que la parió.
Cuatrocientas y pico fotos en tamaño gran formato.
Si el tamaño impresiona, lo que más impacta es el contenido, las imágenes en sí.
Las miro y las remiro, y me viene a la cabeza la frase; “A España no la conoce ni la madre que la parió” Y es verdad, cuanto hemos cambiado, ni yo que he vivo aquí reconozco mi país.
Hay muchas fotos de Madrid en la época de la guerra, “La Cibeles” completamente cubierta de tierra para que las bombas no la dañara, niños y niñas jugando a soldados y enfermeras desfilando por las calles entre las miradas orgullosas de los madrileños de entonces.
No sé por qué cada vez que veo algo de la guerra me acuerdo de mis tíos Teodoro y Vicenta. Él fue general en el bando perdedor.
Murieron los dos hace quince años, con pocos meses de diferencia.
Eran muy mayores, y no tenían hijos (bueno Teodoro si tenía dos hijas, de un matrimonio anterior a quienes apenas conoció, pero esa es otra historia, hermosa y triste a la vez, porque por amor a mi tía renunció a todo lo anterior de su vida, el amor venció, con un alto coste para él, quien perdió una guerra y una familia)
Como yo me había ocupado “tan bien” de todo tras la muerte de mi padre, por unanimidad familiar me convertí, con apenas veintinueve años, en responsable de todas las decisiones. Como ya he comentado en otras entradas, esa fue una de las herencias que me dejó mi padre, “responsable de marrones y decesos familiares”
La otra herencia que recibí de mis tíos fue un reloj de pared, el cual guardo como un tesoro, primero porque me encantan los relojes de pared, con esa leyenda que algunos llevan grabada: “Tempus Fugile”, tanta profundidad en tan sólo dos palabras, y segundo porque quería a mis tíos, por su coherencia en sus vidas y porque eran buena gente, aunque sé que mi tío en la guerra no debió ser un santo.
Más de una vez me contó, entre confidencias dominicales, como estuvo en el paredón esperando ser fusilado por dos veces, pero en ambas ocasiones, y en el último momento, la orden no llegó a darse.
Yo le decía, en broma, que Dios le había ido a ver, y el miraba muy serio, como era él, y no decía nada, como si no me hubiera escuchado, desviaba la mirada y seguía con sus batallas.
Eran, mis tíos, comunistas hasta las trancas, así vivieron y murieron, él detestaba a los curas, y eso que en sus tiempos mozos fue seminarista, allí fue donde su pensamiento se radicalizó a la izquierda, en sus días de seminario.
Si, las fotos en blanco y negro me traen ese tipo de recuerdos, tiempos difíciles para muchos aquellos años, afortunadamente, si, a España no la conoce ni la madre que la parió.
domingo, 17 de octubre de 2010
Domingo y marionetas
Domingo, y ha amanecido un día fresco pero soleado.
Ayer leí que en Caixa Forum había teatro de marianotas y sombras chinescas para niños; cuentos clásicos con música de Schuman.
Las niñas están acostumbradas a cosas más “intensas”, y aunque les ha gustado, creo que yo he disfrutado más de las marionetas (no crecí con Disney Channel)
En fin, mi lado más infantil resurge cada vez que estoy con ellas.
C. y yo hemos hecho algunas fotos del edificio, que es una preciosidad, os dejo algunas por si animáis a ir, merece la pena.
Ayer leí que en Caixa Forum había teatro de marianotas y sombras chinescas para niños; cuentos clásicos con música de Schuman.
Las niñas están acostumbradas a cosas más “intensas”, y aunque les ha gustado, creo que yo he disfrutado más de las marionetas (no crecí con Disney Channel)
En fin, mi lado más infantil resurge cada vez que estoy con ellas.
C. y yo hemos hecho algunas fotos del edificio, que es una preciosidad, os dejo algunas por si animáis a ir, merece la pena.
He hecho un experimento en Facebook.
En marzo cree un perfil falso, un alter ego, en esta red social y me uní a un grupo bastante numeroso de personas, unas 4000, con un interés común.
Colaboré en este tiempo en algunos proyectos que propusieron, añadí comentarios, elaboré iniciativas para el grupo, y así hasta lograr agregar como amigos a 7 personas de ese grupo.
Entre bromas, chascarrillos y alguna intimidad han pasado los meses, ocho.
La semana pasada llegó el momento clave del experimento.
Compartí en mi perfil un comentario, decía que pasaría algunos días sin conectarme por problemas personales.
Era mentira, el propósito del mensaje era ver cuantos de esos 7 "amigos" dejarían algún mensaje de ánimo.
Ha pasado una semana y nadie ha dicho ni pío, ni por el facebook, ni por el mail que tiene asociado el perfíl.
He sacado dos posibles conclusiones, primera todos "mis amigos" tienen ocultos mis mensajes porque les soy indiferente, o segunda conclusión; pasan de mi como de la mierda.
Resolución tomada, he cancelado la cuenta.
En marzo cree un perfil falso, un alter ego, en esta red social y me uní a un grupo bastante numeroso de personas, unas 4000, con un interés común.
Colaboré en este tiempo en algunos proyectos que propusieron, añadí comentarios, elaboré iniciativas para el grupo, y así hasta lograr agregar como amigos a 7 personas de ese grupo.
Entre bromas, chascarrillos y alguna intimidad han pasado los meses, ocho.
La semana pasada llegó el momento clave del experimento.
Compartí en mi perfil un comentario, decía que pasaría algunos días sin conectarme por problemas personales.
Era mentira, el propósito del mensaje era ver cuantos de esos 7 "amigos" dejarían algún mensaje de ánimo.
Ha pasado una semana y nadie ha dicho ni pío, ni por el facebook, ni por el mail que tiene asociado el perfíl.
He sacado dos posibles conclusiones, primera todos "mis amigos" tienen ocultos mis mensajes porque les soy indiferente, o segunda conclusión; pasan de mi como de la mierda.
Resolución tomada, he cancelado la cuenta.
miércoles, 13 de octubre de 2010
Médicinas
Esta mañana tenía cita con mi medico de cabecera, pedí hora a las 8.15 de la mañana.
Me he despertado a las 7.44 y he corrido de lo lindo para llegar a tiempo.
En la consulta nadie esperaba, los que se vacunan contra la gripe están una planta más abajo.
Me he sentado a esperar, lo habitual es que la doctora salga y diga el nombre del paciente.
Un hombre entrado en años y en carnes, ha salido del baño y se ha metido en la consulta de la doctora sin llamar.
He pensado que era un paciente que había tenido una "urgencia biológica".
He seguido esperando.
Han abierto la puerta y la doctora y el señor han salido, ella le tuteaba, he supuesto que era su marido, y se han ido a otra planta, minutos después han aparecido, él venía con un algodoncito en el brazo, recién vacunado, se había saltado la cola y se han vuelto a cerrar en la consulta, por unos momentos me he sentido invisible.
He seguido esperando.
Han llegado dos tipos encorbatados, visitadores médicos he supuesto, que en cuanto ha salido el marido de la médico, se me han colado en la consulta con el consentimiento de la facultativa.
Media hora después he entrado a la consulta, con una cara de pocos amigos que no ha debido pasarle desapercibida a Dña. Soledad.
Le he pedido mis medicinas y me he ido. Cinco minutos me parecen mucho tiempo para mi gestión.
No es la primera vez que me hace sentir invisible, así que he decidido que voy a cambiar de médico de cabecera, y que le den. ( O que me den a mí)
Me he despertado a las 7.44 y he corrido de lo lindo para llegar a tiempo.
En la consulta nadie esperaba, los que se vacunan contra la gripe están una planta más abajo.
Me he sentado a esperar, lo habitual es que la doctora salga y diga el nombre del paciente.
Un hombre entrado en años y en carnes, ha salido del baño y se ha metido en la consulta de la doctora sin llamar.
He pensado que era un paciente que había tenido una "urgencia biológica".
He seguido esperando.
Han abierto la puerta y la doctora y el señor han salido, ella le tuteaba, he supuesto que era su marido, y se han ido a otra planta, minutos después han aparecido, él venía con un algodoncito en el brazo, recién vacunado, se había saltado la cola y se han vuelto a cerrar en la consulta, por unos momentos me he sentido invisible.
He seguido esperando.
Han llegado dos tipos encorbatados, visitadores médicos he supuesto, que en cuanto ha salido el marido de la médico, se me han colado en la consulta con el consentimiento de la facultativa.
Media hora después he entrado a la consulta, con una cara de pocos amigos que no ha debido pasarle desapercibida a Dña. Soledad.
Le he pedido mis medicinas y me he ido. Cinco minutos me parecen mucho tiempo para mi gestión.
No es la primera vez que me hace sentir invisible, así que he decidido que voy a cambiar de médico de cabecera, y que le den. ( O que me den a mí)
miércoles, 6 de octubre de 2010
Sorpresa Real
Lo que tiene tener andar a menudo por la calle es que te puedes encontrar con quien menos esperas.
Hoy he ido a Chueca, a dejar papeles a varios clientes.
Ali tiene un restaurante en la calle Farmacia, justo enfrente del Colegio Oficial de Arquitectos.
Es una calle tranquila, no suele haber movimiento de coches y hoy me ha sorprendido que la calle estuviera cortada y llena de policías, de coches oficiales y de señores muy mayores con chaqué.
Imaginé que algún ministro estaba por allí, pero no, no..
Era el mismísimo Rey Juan Carlos que ha saludado con la mano a los pocos que esperábamos allí, no por verle a él, sino porque los policías nos impedían el paso.
Algunos espontáneos se han arrancado en aplausos y vítores; ¡¡¡Viva el Rey!!!
A mi lado esperaba una chica que debía llegar tarde a algún sitio, y no hacía más que refunfuñar y cagarse en todo por que no la dejaran pasar.
A mí la verdad, me ha hecho ilusión cruzarme de nuevo a Juan Carlos, no es la primera vez que el azar me ha hecho verle en persona.
Después de entregar papeles a Ali, me he ido a ver a Carlos, en la calle Pelayo, y he tenido que caminar por algunas calles de Chueca, el tráfico estaba colapsado, los coches oficiales han roto el frágil equilibrio de un barrio con muchos coches sin necesidad de ningún evento especial.
Yo he evitado el jaleo y me he metido en el metro, dirección a la oficina.
Desde que sé que Al Qaeda están en plena campaña de bombazos he decidido tomar cuanto menos mejor el metro, así que no sólo voy a andando al trabajo, cuatro kilómetros, sino que también vuelvo; ocho kilómetros al día.
Y de vuelta a casa he regresado a mi mundo, al mundo donde no hay policías, ni coches oficiales, ni guardaespaldas, ni vítores al Rey.
He pasado por delante de un supermercado, donde suele haber alcohólicos pidiendo, y he visto como uno de los tipos que piden tiraba un bocadillo a un contenedor de basura.
Alguna alma caritativa debió dárselo para que comiera, pero a él eso no le alimenta, y lo ha tirado a la basura.
Hoy he ido a Chueca, a dejar papeles a varios clientes.
Ali tiene un restaurante en la calle Farmacia, justo enfrente del Colegio Oficial de Arquitectos.
Es una calle tranquila, no suele haber movimiento de coches y hoy me ha sorprendido que la calle estuviera cortada y llena de policías, de coches oficiales y de señores muy mayores con chaqué.
Imaginé que algún ministro estaba por allí, pero no, no..
Era el mismísimo Rey Juan Carlos que ha saludado con la mano a los pocos que esperábamos allí, no por verle a él, sino porque los policías nos impedían el paso.
Algunos espontáneos se han arrancado en aplausos y vítores; ¡¡¡Viva el Rey!!!
A mi lado esperaba una chica que debía llegar tarde a algún sitio, y no hacía más que refunfuñar y cagarse en todo por que no la dejaran pasar.
A mí la verdad, me ha hecho ilusión cruzarme de nuevo a Juan Carlos, no es la primera vez que el azar me ha hecho verle en persona.
Después de entregar papeles a Ali, me he ido a ver a Carlos, en la calle Pelayo, y he tenido que caminar por algunas calles de Chueca, el tráfico estaba colapsado, los coches oficiales han roto el frágil equilibrio de un barrio con muchos coches sin necesidad de ningún evento especial.
Yo he evitado el jaleo y me he metido en el metro, dirección a la oficina.
Desde que sé que Al Qaeda están en plena campaña de bombazos he decidido tomar cuanto menos mejor el metro, así que no sólo voy a andando al trabajo, cuatro kilómetros, sino que también vuelvo; ocho kilómetros al día.
Y de vuelta a casa he regresado a mi mundo, al mundo donde no hay policías, ni coches oficiales, ni guardaespaldas, ni vítores al Rey.
He pasado por delante de un supermercado, donde suele haber alcohólicos pidiendo, y he visto como uno de los tipos que piden tiraba un bocadillo a un contenedor de basura.
Alguna alma caritativa debió dárselo para que comiera, pero a él eso no le alimenta, y lo ha tirado a la basura.
domingo, 3 de octubre de 2010
Museo del Ferrocarril - Madrid
Un domingo familiar.
Hay astrolabios, octantes y montones de cámaras de fotos antiguas, incluso una cámara reloj espía, hay máquinas de escribir de 1800.
Las niñas han hecho galletas, se han llenado de harina y han “engorrinado” a los chicos que estaban como voluntarios en el museo.
Os dejo unas fotos del día, son del teléfono, para no variar, me olvide la cámara en casa.

Hemos ido al Museo del Ferrocarril.
Es la tercera vez que vamos, y por fin, hemos entrado, las otras veces, por pitos o por flautas; que si lo estaban remodelando, que si el horario es sólo de mañana...
Confieso que me gustan los trenes y he disfrutado viendo viejas locomotoras y vagones impensables hoy en día. Ver estos trenes te lleva a cómo se debía viajar en siglos pasados.
Luego, y en una dependencia anexa hemos visto el museo de la ciencia, y ahí he disfrutado aún más.Hay astrolabios, octantes y montones de cámaras de fotos antiguas, incluso una cámara reloj espía, hay máquinas de escribir de 1800.
Las niñas han hecho galletas, se han llenado de harina y han “engorrinado” a los chicos que estaban como voluntarios en el museo.
Os dejo unas fotos del día, son del teléfono, para no variar, me olvide la cámara en casa.

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