domingo, 24 de diciembre de 2023

Día de Nochebuena

 Hoy es uno de esos días que por tradición, mía, salgo a pasear por la ciudad en la que me haye.

El ritmo de la caminata lo impongo poco severo este día, me da tiempo a contemplar el paisaje, a ver, a mirar y a retener lo que veo.Desde que pinto no solo miro, sino que observo el detalle y eso me hace creer que veo de manera diferente la vida, la que siempre estuvo ahí y yo no sabia ver, como un niño que no sabe leer y ve un libro sin entenderlo, así estoy yo, aprendiendo a leer el libro del color, a mis taitatos.

El caso es que hoy en el paseo he visto a un tipo, con buena pinta, eran las 11 de la mañana, borracho, sentado en un banco del paseo, tomando el sol y bebiendo su buen vino en una delicada copa de cristal, igualita a la que usamos en casa en días de fiesta.

¡Mira tú el gachó! Con copa de cristal y todo, con su botella de tinto escondida en la mochila, con su bigote blanco canoso a lo Dali, hablando con sus fantasmas, mirando el mar azul. 

Al pasar a su lado me pregunté si él también estaría aprendiendo a mirar la vida de manera diferente.

domingo, 12 de noviembre de 2023

Palestina versus Ucrania

 Desgraciadamente las noticias de la guerra entre Palestina e Israel son tristes, inhumanas, sobrecogedoras. Seres humanos masacrados. Como todas las guerras un sinsentido, una llamada a la brutalidad de las cavernas. Muchos días tengo que apagar la televisión. Lo hacía también con las noticias de la guerra entre Ucrania y Rusia. ¿Ya no son noticia los muertos de Ucrania? Me pregunto si los muertos en esa parte del mundo ya no importan. La noticia fresca es la que tiene el foco de los noticiarios, Ucrania ya no vende, pero la guerra sigue allí, como sigue en Nagorno-karabaj o en Sudán, lugares donde se muere sin ser noticia. El mundo sigue siendo el escenario de la lucha por el poder y el primer mundo mira a un lado u otro según le interesa. Que pena, que poco hemos aprendido.

miércoles, 8 de noviembre de 2023

La tercera del Covid

 La semana pasada teníamos cita para vacunarnos, madre de la cuarta del Covid y gripe, mi menda la gripe anual, que aunque por aquí el frío no aprieta, mi asma no perdona. Fuimos dando un paseo, desayunamos en una terracita al sol por el camino hacia el centro de la seguridad social, vaya que salimos con tiempo de sobra para la cita, incluso llegamos antes de la hora y, oh sorpresa, nadie esperando en la enfermería.

Las enfermeras nos invitaron a pasar de inmediato y ale, empieza la vacunación, madre la primera; gripe en el brazo izquierdo, Covid en el derecho, en un visto y no visto, madre lista y vacunada.

Mi turno, pongo el brazo derecho para la vacuna de la gripe y cuando me estoy recolocando la ropa para largarnos con todos los virus nuevos en el cuerpo, va una de las enfermeras y pregunta;

- ¿Y eres tú quien cuida de tu madre?

- Si, bueno, me cuida más ella a mi que yo a ella - contesté con tono jovial viendo que la chavala me tutea.

- Pues si es así, es aconsejable que se vacune usted de Covid también. - Salta la moza muy seria, adiós al tuteo.

Miro a mi madre, con desconcierto. Pienso ¿qué hago? y mi querida madre afirma con la cabeza, apoyando a la enfermera.

Total, ofrezco el otro brazo para recibir el pinchazo, sin rechistar. 

Salí de allí con dolor doble y tan de sorpresa fue todo que ni siquiera pregunté qué me habían “enchufado” si moderna, astra zeneca o janssen.

Esa misma noche reacción de la vacunita dichosa, pero oye, mientras otros hacen cola para vacunarse, por estos lares funciona la cosa bien, igual si ese día me dejo y no se les acumulan a las enfermeras otros pacientes en la entrada, lo mismo me vacunan del moquillo, de la rabia, de la gripe aviar y de la triple vírica.

Bueno, me voy a por un paracetamol y un poco de leche caliente. 

Vacunaros, vacunaros..

sábado, 14 de octubre de 2023

Aniversario

 14 de octubre, veintinueve años sin mi beso de buenas noches, sin tus consejos ni tu cariño. 

Hoy hemos puesto unas velas en casa, con fotos tuyas y de los abuelos y me parece mentira que haya pasado tanto tiempo, y me parece increíble que aquel profundo dolor se haya convertido en una nostalgia enorme, y me apena que tú aniversario sea un día más, un día normal para el resto del mundo. Recuerdo salir del cementerio con mi hermano, con tanta rabia que podía saborearla, rabia por ver que el sol salía de nuevo, brillaba para todos sin tener en cuenta que para los tuyos se acababa tu luz. Recuerdo que golpeé el salpicadero del coche varías veces hasta notar el dolor de los nudillos despellejados, que injusto me pareció el mundo entonces.

Me lo sigue pareciendo. Tantas vidas truncadas por guerras incomprensibles y televisadas, no soy capaz de ver los telediarios, esos niños llorando, esos seres humanos asesinados a sangre fría. Van a ser los años, los míos, me hago más “blandengue” y la verdad confieso que sin ver esa sin razón violenta, soy más feliz.

En fin papá, gracias por seguir cuidando de nosotros.

martes, 29 de agosto de 2023

Borges es inspiración.

 He leído esta frase en algún sitio; “No escribo para ser escritor, escribo para ser libre” no recuerdo dónde la había leído, así que la he googleado y resulta que es de una frase del inmenso Borges.

La suscribo palabra por palabra.

Este blog es el reflejo de esa frase, no creo que ninguna de mis entradas haya tenido alguna vez más de 125 lectores y, aunque agradezco el tiempo a cada uno de ellos, no es ese mi fin.

Escribo para reírme, para inventar, para dejar volar la imaginación, para construirme y crecer, porque quien escribe viaja en cada página a tiempos pasados o futuros, a lugares creados solo por y para nosotros, donde saltar haciendo piruetas es posible, donde meterse en la piel de otros y vivir mil aventuras solo es cuestión de deslizar la pluma por el papel, ser libre de ser lo que se quiera ser.

Muchos influencers nos animan a escribir cada día, mis admirados @currocanete, @lasclavesdesol, a plasmar impresiones, sensaciones, sentimientos en un papel, dejarlo guardado unos días y rescatarlo para leerlo, es sorprendente lo sólido que puede ser algo escrito hace tiempo, como te reconoces en esas palabras, como te afianzas y te construyes con ellas.

Te animo a crear un blog o a usar una humilde libreta, aunque no sé lo digas a nadie, aunque solo tú te leas, será el rincón donde retratarte sin miedos, sin convenciones, por si algún día te pierdes, saber donde encontrarte.

domingo, 27 de agosto de 2023

Gotas caen

 Si, por fin han caído unas gotitas de lluvia, esta noche ha llovido, el calor se ha convertido en bochorno y allí estaba yo en pie a la tres de la mañana, en la terraza, mirando el cielo encapotado buscando algo de fresco.

Confieso que la costillita fisurada me tiene sin dormir bien, en la cama el dolor aumenta, no encuentro la postura y me desespero. Por el día no me molesta tanto, hago vida normal, con cuidadito, más despacio todo, pero normal, ale las noches son jorobadas. Ya han pasado dos semanas desde el porrazo, el dolor de la costilla y de la rabadilla es menor, pero sigue siendo molesto. 

No quiero ni pensar en quienes se rompen varias costillas en una caída o accidente, lo mal que lo deben pasar. Mi experiencia en brazos rotos, tobillos fisurados, dedos fracturados es extensa; crecí muy rápido en la adolescencia y eso hizo que mis huesos fueran frágiles, y esto junto a mi habitual torpeza hicieron que mi padre pasara conmigo muchas horas en urgencias y que haya llevado escayolas en todas las extremidades de mi cuerpo, por eso digo que compadezco a quienes se rompen las costillas, no hay comparación, lo incómodo que es no descansar, no encontrar la postura correcta por las dichosas costillitas.

Dicen que en cuatro o seis semanas se curará, a base de ibuprofeno sigo y cuento los días para llegar a las cuatro semanas.

Aún con dolor de culo he salido a andar en este domingo lluvioso, ha refrescado y ha sido un placer sentir la brisa fresca junto al mar y no el fuego que desde hace días se cuela por las ventanas de casa.

¿Van a poder conmigo un coxis y una costillita doloridas? Pues no.

Ahí os dejo una foto del cielo lluvioso de hoy. Feliz domingo.




sábado, 26 de agosto de 2023

El Rito Ineludible

La tía Luisita murió el miércoles.
Me llamaron para decírmelo apenas pasó, creo que fui la única persona a la que llamaron. El resto de familia hace años que no tenían contacto con ella.
Me dijeron que me dirían a qué tanatorio iban a llevarla, que aún no lo sabían, porque aún tenía que ir el forense para certificar la muerte natural. Ya ves con ochenta y pico años, hacía meses que vivía en la inconsciencia total.. ¡Y tenía que ir un médico a asegurar que había fallecido de puro agotar la vida!
Al día siguiente tuve que llamar yo para saber dónde estaba, hablé con un primo lejano de mi padre al que ni siquiera conozco en persona. Quedé en que me pasaría a la tarde a despedirme de ella, era muy religiosa mi tía y un último Padre Nuestro a su lado era lo que creía debía hacer.
Aparecí por allí sobre las cinco de la tarde, hacía un calor insoportable, y en el hall del tanatorio vi a mi tío Pepe, flanqueado por dos personas que le ayudaban a caminar, sólo le reconocí a él, otras tres personas iban en el grupo, tuve que presentarme porque el tío Pepe no conoce ya a nadie.
En fin, resumido que se iban a casa ya, llevaban todo el día velando a la tía Luisita, y Pepe no estaba para estar fuera de su casa mucho tiempo.
Habían cerrado la sala de la difunta y le pedí a José; el recién descubierto hijo de mi tío Pepe, que me abrieran cinco minutos para despedirme. Era la primera vez que nos veíamos, hace apenas unos meses supe de su existencia, 42 años, casado, con dos hijos y con un padre, mi tío, que había ocultado toda su vida tener un hijo.
Fue agradable conmigo, me dejo en total soledad con mi tía, supongo que se quedó fuera de la sala para darme intimidad.
Recé un Padre Nuestro y rogué por su alma.
Salí rápido, no quería hacer esperar a los demás.
Fue sin duda la vez que menos tiempo he pasado en un tanatorio.
Intercambié tarjeta con mi nuevo primo, y quedamos en comer algún día, supongo que tiene muchas preguntas que hacerme, aunque yo también tengo unas cuantas.
Cogí el coche y me invadió esa desazón que me inunda cuando voy a donde nos despedimos de los muertos.
El viernes a las nueve de la mañana la enterraban, no fui al cementerio, a esa misma hora, volando, recé una oración por ella, la sentí cerca en el cielo.

sábado, 19 de agosto de 2023

Paseos playeros

Es verdad que los paseos mañaneros por la playa no son tan productivos como los viajes en el Metro Madrileño en donde la fauna es variopinta y diversa a más no poder, en el litoral casi todos nos comportamos parecido. Cuando logras salir de casa, una pila de toallas, bañadores secos, cremas untadas, capazos con peines, pareos y otras cosas siempre necesarias, nunca utilizadas, cubitos, palas y casa recogida con comida preparada para la vuelta, entonces empieza el ritual de encontrar el mejor sitio cerca de la orilla, que a las horas que llegamos ya no queda ni medio centímetro, pinchado de sombrilla en quinta línea, silla y toalla a la sombra, lectura de periódico, cervecita en el chiringuito, limpieza de arena de pinreles y a casa a descansar de la dura mañana. 

Tiempo de relax total con el sonido de las olas rompiendo en la orilla, risas de críos disfrutando y el pin pan de los jugadores de pala que siempre son muy distraídos de mirar. Yo me decanto por analizar el bañador de fulanita o menganito, la cantidad de tela de uno u otro, tomo nota para la próxima temporada primavera-verano, y por supuesto siempre surgen comentarios sobre las voluptuosidades de paseantes y paseantas, la puñetera envidia es así.

Pues si, en el paseo de hoy nos hemos cruzado con dos hippies entraditos en años, con rastras hasta donde la espalda pierde su casto nombre, y roña acumulada de cuando les empezaron a crecer las mismas, discutiendo. No es que me sorprenda que dos personas discutan en la calle, tampoco es que fuera una bronca de las de llamar la atención por su virulencia, lo sorprendente es que ambos gachos se llamaban de usted.

“Si, porque usted me dijo que… No, no, no fue usted quien me dijo que.. “

Eso si, los dos con su latita de cerveza en la mano, usted por aquí, usted por allá..

Me ha chirriado ese lenguaje tan formal, uno espera que se tuteen, que se digan “colega o tronco”, pero lo de usted me ha pasmado y es que, ya lo dice el refrán: “No se puede uno fiar de las apariencias, que engañan”

viernes, 18 de agosto de 2023

Cumpliendo años

 Me comentaba, el otro día, mi prima Pilar lo poco agradable que es cumplir años, claro que la otra opción, no cumplirlos, es mucho peor, creo yo.

Bueno, pues eso, que se quejaba de que dando un salto en la piscina para zambullirse en la refrescante agua, se había roto los ligamentos del gemelo y que andaba como la Nancy. Tiesa perdida.

En una cosa le doy la razón a mi prima y es en como se pierde agilidad con los años, incluso entrenando.

Andaba yo en los Madriles en mi casita, tralari tralará , dando a los muebles de madera “Pronto”, rodilla incada en el suelo, trapo va trapo viene, cuando me fui a levantar, zas, perdí el equilibrio, ¡ostia que te crio!

Por no agarrarme y tirar la mesa que estaba limpiando, con todas las fotografías de la familia encima, decidí, en décimas de segundo, dejarme caer sin darme cuenta que mi corpachón se iba escorando peligrosamente, en la caída, hacia la zona de unos sillones fraileros, de muy buena y dura madera, con unos brazos salientes sólidos y labrados, que me golpearon sin astillarse lo más mínimo, que yo les cuidó la mar de bien. 

Resultado final, los muebles limpios como la patena, hidratados y brillantes, cardenal en la pierna y el brazo, costilla fisurada, rabadilla dolorida, golpe en la cabeza, confianza por el mismo sitio que rodé, por los suelos.

Ando ahora torpe de narices, con dolores en el tronco cada vez que me muevo y sentarse tampoco es solución, que la rabadilla anda de un color morado oscuro que asusta, me dicen que esto va para varias semanas. ¡Alegria¡

Pero lo peor es la cama, toda la noche en la misma posición, respirando flojito, la odisea del acostamiento y el levantamiento mejor no contarla para no aburrirte, la lentitud de movimientos procurando evitar dolor es una técnica depurada en mi caso ya… En fin ¡Ays prima, como te entiendo!

sábado, 29 de julio de 2023

Algunos no empiezan bien las vacaciones.

 He salido bien temprano a dar mi paseo de sábado, siete kilométritos en menos de una hora, no está mal el promedio para mi. Si hubiera salido con mi hermano me habría llevado con la lengua fuera, me habría metido once kilómetros en el mismo tiempo, claro que con esa piernas largas heredadas de mi abuelo materno que tiene, para él, un paseo, para mi una tortura con la mitad de piernas, vete tú a saber heredadas de que ancestro paticorto.

El caso es que, de vuelta a casa, me he parado en una terracita bien concurrida a esas tempranas horas, turistas y autóctonos recién llegados de vacaciones tomándose su primer café frente al mar. Pan con tomate y un descafeinado ha sido mi elección. Me he sentado en una mesa a la sombra y he observado a la parroquia disimuladamente. Cafés a solas, en pareja, con amigos, trasnochadores resacosos, un poco de todo había en la terraza.

Me ha llamado la atención una pareja de mediana edad, ella masticando aburrida algo de bollería con una infusión en la taza mirando el mar, él separado de la mesa medio metro, con los brazos cruzados, las piernas estiradas, mirando al vacío, justo en el lado contrario del mar, y un gesto de cabreo indisimulado.

Un solo vistazo me ha bastado para montarme mi película sobre ellos y si de verdad eran pareja no les doy ni una semana para visitar a un colega matrimonialista y pedir el divorcio, y es que las vacaciones es lo que tienen; veinticuatro horas, siete días a la semana, compartiendo tiempo, eso no lo aguanta un “apaño”de relación, bien que lo sé.

Espero que su inicio, o fin, de vacaciones mejore en los próximos días. Y es que algunos no empiezan bien el descanso veraniego.

sábado, 1 de julio de 2023

Toda buena acción tiene su justo castigo

 La primavera vez que escuche la frase que encabeza esta entrada, fue en casa de mis queridos Villen Caravias, me hizo gracia porque pensé que Pacho se había equivocado, pero no, no era un error y ayer lo comprobé.

Volviendo de mi caminata vespertina, empezando la cuesta de Villavieja ví a tres mujeres arrastrando por los adoquines sus maletitas de cabina, dos mayores y una más joven, está última con un teléfono móvil en la mano girándose buscando la dirección a seguir para llegar a su destino.

Quise hacer la buena acción del día, y aunque yo no soy de esta ciudad, la voy conociendo a base de patearla, me paré junto a una de las mujeres mayores, tenía cara de enojo, enfado o fastidio y agarraba el asa de la maleta fuerte. Le miré a la cara, tenía pinta de italiana, por aquí lo que más abunda son rusos y británicos, pero la señora tenía cara de italiana. Pues me plante a su lado y le pregunté con mi mejor sonrisa y en mi mejor italiano, que lo chapurreo dignamente, si necesitaban ayuda. 

Me miró de arriba a abajo, agarró aún más fuerte su maleta y no sé si me entendió cuando le ofrecí “guida” pero negó con la cabeza y noté cierto temor en su rictus, el mismo miedo que yo he sentido cuando un extraño con pintas raras se me ha acercado en la calle sin motivo alguno.

 Sin más, seguí mi camino y caí de inmediato en mi indumentaria cochambrosa; pantalón corto, por fuera del pantalón una camiseta roja, recuerdo de un viaje a Argentina, descolorida tras veinte años de lavados, atención a la calidad de la misma que vino con otra camiseta negra desde Buenos Aires y las dos aún me las pongo para hacer deporte después de tantos años y para culminar mi “outfit”, gorra empapada de sudor después del ejercicio y del calorazo en un mes de junio en el Mediterráneo, los rizos mojados rebosando por los lados de la gorra.

Y así con esa “pinta pobre”, que diría mi madre, le he preguntado a esa turista recién llegada si necesitaba ayuda. Normal que me haya mirado desconcertada y asustada.

Me he acordado de la frasecita y he llegado a casa chorreando sudor con una sonrisa en la cara y dando la razón a mis queridos Pachos, cuanta sabiduría mis amigos.

sábado, 20 de mayo de 2023

Dinastía Qin- Castillo Santa Barbara

Estas dos fotografías, con los nombres de dos hombres grabados a base de erosión con alguna pieza punzante y separados en el tiempo por dos mil años, son básicamente lo mismo; los nombres de dos presos condenados a trabajos forzados.

Una es una pieza de cerámica de la dinastía Qin (221-206 a.c.) encontrada en los terrenos donde se enterró a un emperador chino de la mencionada dinastía.

La otra es una piedra del enlosado del castillo de Santa Barbara, Alicante, donde los presos de la guerra civil española pasaban sus pocas horas libres. Si se recorre el castillo con atención se verán más piedras con nombres y fechas, algunas borradas por la erosión y el tiempo, otras tan claras como la de la fotografía.

Las dos piezas nos cuentan como dos seres humanos en dos regiones del mundo distanciadas por miles de kilómetros, separadas por cientos de años quisieron dejar constancia de su nombre, de su existencia y de su libertad mermada, un acto de rebeldía contra quienes les sometían.

Quiero pensar que el ser humano ha evolucionado dejando la tortura atrás, pero estas dos fotografías me hacen corroborar lo que decía mi tío Aníbal; la tortura entre humanos no ha desaparecido, solo se ha sofisticado.

Doy por seguro que en este día de hoy, algún soldado apresado, en algún lugar del mundo, estará dejando la punta de su navaja roma escribiendo su nombre para que alguien, dentro de dos mil años, siga preguntándose como pudimos continuar tratándonos así los unos a los otros.