Si, por fin han caído unas gotitas de lluvia, esta noche ha llovido, el calor se ha convertido en bochorno y allí estaba yo en pie a la tres de la mañana, en la terraza, mirando el cielo encapotado buscando algo de fresco.
Confieso que la costillita fisurada me tiene sin dormir bien, en la cama el dolor aumenta, no encuentro la postura y me desespero. Por el día no me molesta tanto, hago vida normal, con cuidadito, más despacio todo, pero normal, ale las noches son jorobadas. Ya han pasado dos semanas desde el porrazo, el dolor de la costilla y de la rabadilla es menor, pero sigue siendo molesto.
No quiero ni pensar en quienes se rompen varias costillas en una caída o accidente, lo mal que lo deben pasar. Mi experiencia en brazos rotos, tobillos fisurados, dedos fracturados es extensa; crecí muy rápido en la adolescencia y eso hizo que mis huesos fueran frágiles, y esto junto a mi habitual torpeza hicieron que mi padre pasara conmigo muchas horas en urgencias y que haya llevado escayolas en todas las extremidades de mi cuerpo, por eso digo que compadezco a quienes se rompen las costillas, no hay comparación, lo incómodo que es no descansar, no encontrar la postura correcta por las dichosas costillitas.
Dicen que en cuatro o seis semanas se curará, a base de ibuprofeno sigo y cuento los días para llegar a las cuatro semanas.
Aún con dolor de culo he salido a andar en este domingo lluvioso, ha refrescado y ha sido un placer sentir la brisa fresca junto al mar y no el fuego que desde hace días se cuela por las ventanas de casa.
¿Van a poder conmigo un coxis y una costillita doloridas? Pues no.
Ahí os dejo una foto del cielo lluvioso de hoy. Feliz domingo.
