sábado, 26 de agosto de 2023

El Rito Ineludible

La tía Luisita murió el miércoles.
Me llamaron para decírmelo apenas pasó, creo que fui la única persona a la que llamaron. El resto de familia hace años que no tenían contacto con ella.
Me dijeron que me dirían a qué tanatorio iban a llevarla, que aún no lo sabían, porque aún tenía que ir el forense para certificar la muerte natural. Ya ves con ochenta y pico años, hacía meses que vivía en la inconsciencia total.. ¡Y tenía que ir un médico a asegurar que había fallecido de puro agotar la vida!
Al día siguiente tuve que llamar yo para saber dónde estaba, hablé con un primo lejano de mi padre al que ni siquiera conozco en persona. Quedé en que me pasaría a la tarde a despedirme de ella, era muy religiosa mi tía y un último Padre Nuestro a su lado era lo que creía debía hacer.
Aparecí por allí sobre las cinco de la tarde, hacía un calor insoportable, y en el hall del tanatorio vi a mi tío Pepe, flanqueado por dos personas que le ayudaban a caminar, sólo le reconocí a él, otras tres personas iban en el grupo, tuve que presentarme porque el tío Pepe no conoce ya a nadie.
En fin, resumido que se iban a casa ya, llevaban todo el día velando a la tía Luisita, y Pepe no estaba para estar fuera de su casa mucho tiempo.
Habían cerrado la sala de la difunta y le pedí a José; el recién descubierto hijo de mi tío Pepe, que me abrieran cinco minutos para despedirme. Era la primera vez que nos veíamos, hace apenas unos meses supe de su existencia, 42 años, casado, con dos hijos y con un padre, mi tío, que había ocultado toda su vida tener un hijo.
Fue agradable conmigo, me dejo en total soledad con mi tía, supongo que se quedó fuera de la sala para darme intimidad.
Recé un Padre Nuestro y rogué por su alma.
Salí rápido, no quería hacer esperar a los demás.
Fue sin duda la vez que menos tiempo he pasado en un tanatorio.
Intercambié tarjeta con mi nuevo primo, y quedamos en comer algún día, supongo que tiene muchas preguntas que hacerme, aunque yo también tengo unas cuantas.
Cogí el coche y me invadió esa desazón que me inunda cuando voy a donde nos despedimos de los muertos.
El viernes a las nueve de la mañana la enterraban, no fui al cementerio, a esa misma hora, volando, recé una oración por ella, la sentí cerca en el cielo.