sábado, 1 de enero de 2011

Final de un camino

Hace unos días estuve en una reunión familiar, tengo una familia estupenda, hay tanto cariño entre nosotros que cada minuto juntos lo disfrutamos a tope entre risas y recuerdos de los que ya no están.

Mi tío J. vive cerca de alguien que aprecio y que ha estado presente, de distintas maneras, en mi vida.
Mi familia es bastante numerosa e intenté hablar con todos, repartirme, saber cómo estaba cada uno y que me contasen novedades; los cotilleos son lo mío.
Entre la tortilla de patata y el Roscón con nata, me contó, una de mis primas, que va a hacer una película, su primer largo, y ese fue el cotilleo que nos tuvo a todos alterados toda la tarde noche; Ya tenemos organizado el día del estreno, aunque queden meses para el evento.
Casi al final de la noche, me senté junto a mi tío J., que tras algunos comentarios sobre sus nietos, que andaban por allí corriendo, me pregunto a quemarropa:
- ¿Sabes algo de C.?
- No, hace mucho que no sé nada de ella, creo que ahora vive en Torrevieja, con unos familiares- contesté sin saber muy bien a qué venía la pregunta, pero J. No da puntada sin hilo y continuó:
- La vi la semana pasada, apenas la reconocí. Sacaba algunas bolsas del coche, iba con un chico joven. Está muy mal, apenas podía caminar – me dijo.
Le alegría del reencuentro familiar se me fue a hacer puñetas.
C. había superado un cáncer, o eso creímos entonces.
La última vez que nos vimos, hará unos dos años, celebramos su recuperación por todo lo alto, la superación de “la enfermedad”.
Entonces ella me animó ha hacer algo que aún hoy hago; me aconsejó que no abandonara el inglés, que no lo dejara oxidarse en mi cabeza. Seguí su consejo.
C. se va a ir pronto, lo sé.
Ayer, día de fin de año, hablé con alguien de su familia, C. vive entre dolores pero no quiere que le ingresen porque quiere terminar en su casa, rodeada de sus cosas, de su intimidad.
No creo que nos veamos, casi lo prefiero, me quedo con los recuerdos de un viaje a Viena, entrañable, que hicimos hace tiempo.