Creo que estoy madurando, ya era hora dirán algunos; y que razón llevan.
Nunca he sido egoísta en mis relaciones personales, al menos eso creo, pero si he presionado para llegar a situaciones que me apetecían sólo a mí, y al final solo ha quedado rencor y desprecio.
Dicen que errar es humano, y que reconocer los errores es de necios.
Yo debo ser de una necedad supina, porque reconozco algunos de mis errores, quizás cuando cumpla 105 años sea capaz de reconocer todos y cada uno de ellos.
Aunque lo dudo, la vanidad es un de ellos.
Conozco gente a diario, con muchos hablo a menudo y acabo intimando, me cuentan sus penas o alegrías, mi trabajo es técnico a menudo y siempre de escuchar.
Hay a quien me gustaría conocer mejor, más profundamente.
Hace años cualquier excusa me hubiera ido bien para llamarles y charlar un rato, dando pie a más conversaciones o algún café.
La madurez me ha enseñado el significado de; “si surge, surge”, sino déjalo correr.
No fuerzo nada, ni exijo nada.
Como dice la canción de Pablo Milanés; “quien me tienda una mano al pasar, comparte mi suerte”
(Nuri, te voy a contratar como editora, no dejas que me enfríe)