Ultimamente salgo y vuelvo a casa a las mil, léase bien entrada la madrugada.. Ayer salí, y lo pasé genial, me reí y recuperé mi punto de muñeca jugando al futbolín entre Gintonics.
No me pegaba estas pasadas de trasnochar, tan seguidas, desde que con veinte años salía en pandilla, de lunes a lunes, a beber por El Boalo, y volvía casa en moto, después de recorrer algunos kilómetros en un estado, digamos, "límite", sin casco ni leches, que entonces no era obligatorio.
Era una gozada sentir el aire fresco de la madrugada en la cara, el pelo flotar en la nuca, la carretera desierta y todos los sentidos puestos en no perder el equilibrio y no chocar con alguna vaca suelta por los prados infinitos.
Un silencio negro lo rodeaba todo, y yo con mi moto lo rasgaba sin miedos.
Si. Soy una persona afortunada, otros que no cometieron ni la mitad de la mitad de las locuras que yo hice, ya no lo contarán.
La última vez que vi a Charly iba en silla de ruedas; una Nochebuena decidió que era capaz de volar, tras meterse algo fuerte, y saltó por la ventana de un cuarto piso.
Era un atleta y tan buena persona que, tiempo antes del "accidente", se prestó a perder una mañana entera conmigo en Navacerrada para enseñarme a esquiar.
Vano esfuerzo; me rompí un dedo en una de la múltiples caídas, y me encontré una rueda del coche pinchada cuando yo creí que el "tormento" había terminado. Nunca más he hecho intento de ponerme unos esquíes.
Después de lo de Charly sonaron todas mis alarmas internas y me fui alejando, centrándome en mis estudios y en madurar. (Vaya que he madurado, veinte años de madurez)
Si, hoy he dormido apenas cuatro horas, he arrastrado el cansancio durante todo el día.
¡¡Pero que coño, ayer me lo pasé genial!!
¡¡A ver cuando repetimos, pero que al día siguiente no haya que madrugar!!