Iba a titular esta entrada así:“¡Me cago en la puta ITV!”.
Luego he pensado que como cabecera iba a sonar muy fuerte.
Así que lo he dejado para la primera línea.
Hace unos días me llego la cartita de la revisión y quise pasarla lo antes posible.
El coche es relativamente nuevo.
Imaginé que no me iban a poner pega alguna.
¡Ja, que chiste!
He ido a Las Rozas, conozco bien la zona, de cuando vivía en Torrelodones y llevaba los coches a esa ITV.
A las siete he llegado a la cola, media hora después he alcanzado la garita donde un sólo tío atendía las dos filas; gasolina y diesel.
He pagado la tasa, que es de lo que se trata esta revisión; un sacaperras, para que un mecánico mire las luces y mueva el volante de tu coche.
Mis luces traseras de posición estaban fundidas.
A las ocho he salido con un cabreo moderado por no haberlo previsto y “una falta grave” en el coche.
Me he ido a un Carrefour que hay al lado y he cambiado las dichosas bombillitas.
Vuelta a la estación de ITV.
Pensaba yo que era entregar la factura del cambio y chimpún, o que habría alguna cola especial para esa memez.
Pues no.
Me ha tocado volver a esperar la fila de los coches de gasolina porque el de la garita tenía que hacer un “informe especial” para los coches que tuvieran alguna pega.
¡Toma ya, un “informe especial” para dos puñeteras bombillitas!
Otra media hora esperando.
Menos mal que el mecánico que me ha tocado, tras pasar la garita, o tenía ganas de irse a casa, que ya eran las ocho y media pasadas, o es que era un tipo diligente.
Me ha pasado por un carril cerrado y me ha liquidado rapidito, el único capaz y va y me toca el último. ¡Hay que joderse con la ITV!