La vuelta a casa ha sido rara, no sólo porque se acabaron los quince días seguidos de vacaciones.
Hacía años que no tenía dos semanas seguidas de relax, se me hacía extraña tanta tranquilidad.
Pero además, con nocturnidad y alevosía, y aprovechando que yo no estaba en Madrid, mi hermano se ha venido a vivir “temporalmente” a mi casa.
Yo que soy una persona de difícil convivencia (bonito eufemismo, vaya que hay días que no me aguanto ni yo) no lo llevo demasiado bien.
Y es que debo ser un poco autista, porque me rompen la rutina y me descuadran la vida.
Pero es lo que hay, y toca apoyar ahora que lo necesita.
Lo que peor llevo, no es lavar o planchar más a menudo, que no es gran esfuerzo, lo peor es el tabaco, y es que no lo soporto.
Ceniceros con colillas, la basura llena de ceniza, la casa apestando a humo.
Menos mal que es verano y voy abriendo ventanas para hacer corriente y ventilar.
Espero que para el otoño ya tenga algo alquilado.
Y por lo demás todo igual; me ilusiono con alguien y me entero que tiene “churri” por unas fotos del “Facebook”, así que; “agua que no has de beber, déjala correr”, conclusión: más complicaciones, no gracias.
Y es que si llego yo a saber todo esto me quedo en Alicante mirando el Mediterráneo y pasando de todo.