jueves, 16 de septiembre de 2010

Suenan violines y sé donde

No me relaciono mucho con los vecinos de mi edificio, la mayoría son gente mayor, como si yo no lo fuera, pero me sacan unos cuantos añitos.


Puerta con puerta vive un matrimonio que pasa más tiempo en su pueblo que en el piso, lo cual se agradece, porque se pegan unos gritos cuando discuten que dan miedo.

Al otro lado viven estudiantes, a quienes yo debo parecerles muy mayor.

A pesar de su juventud son poco ruidosos, si hacen fiestas, que las harán, no son escandalosos.

La pared de mi habitación da a un cine, pero es la habitación más tranquila de la casa, la insonorización es magnífica.

Hoy, al prepararme la cena, he escuchado un ruido que me ha resultado familiar, era un violín, uno de los estudiantes del piso de al lado ensayaba y se escuchaba perfectamente.

Toca bien, no es un maestro, pero he quitado el volumen a la televisión de la cocina y he cocinado escuchando el violín de mi vecino.

Una de mis frustraciones infantiles es que mis padres no vieron en mí talento musical, y es que a esa edad yo suspendía hasta la asignatura de Religión, así que la distracción del solfeo no entró en mi educación.

Ahora también comprendo que si en la casa en la que vivíamos entonces entraba un piano tendríamos que salir alguno de la familia.

Lo que si cupo fue un radiocasete negro en el que mi madre ponía a la Callas una y otra vez, y la imitaba haciendo gorgoritos que ella creía se parecían a los de la Callas; ingenua. Aún canturrea canciones y sigue pensando que no lo hace mal del todo.

He de confesar que mis padres acertaron, por que mi talento musical lo tengo en el culo, así que me conformo con escuchar opera y a mi vecino violinistas con talento de verdad.