Mis vacaciones han terminado, mañana vuelvo a mi despacho, a mis papeles y a pasar el día con un teléfono en la oreja y a los correos venga a entrar en la pantalla.
No me quejo, me gusta lo que hago, disfruto, aunque haya días agotadores.
Cuando hacía lo mismo para Ingenieros, empezaba todas las cartas como un autómata; “Querido amigo y compañero..” y tenía pesadillas con mi jefe, un capullo que pasaba a mi lado todos los días y no decía ni buenos días.
No voy a juzgarle porque aprendí mucho de él, me enseñó todo lo que un jefe no debe hacer a un subordinado.
Mañana entraré en mi propia y humilde oficina, en mi despacho, redactaré correos en los que me dirigiré por su nombre de pila a mis clientes, repetiré en distintas conversaciones telefónicas cuanto he descansado y disfrutado en Alicante.
Y después me iré casa y me llevaré los problemas conmigo, eso es lo malo de no tener jefe al que endosárselos.