El recuerdo de la película "Avatar" me lleva a una nevada nocturna que me lo hizo pasar mal de verdad en el coche, y que quedó plasmada en una de las primeras entradas de este blog.
"Avatar" vuelve a las carteleras de los cines en una edición especial.
Cuando vi la peli, en 3D, saqué algunas conclusiones.
La más obvia, era una maravilla de efectos especiales.
Era un canto a la libertad de los pueblos, a sus costumbres e ideologías.
Pero ¿de qué lado se posicionaba el director?
Evidente; del lado de los moradores de las tierras donde los americanos, en su desmedida ambición, pretenden explotar el mayor yacimiento de no sé que mineral fundamental para el bienestar del primer mundo.
El final es conocido, algunos miembros del grupo humano americano decide ayudar a estos pobladores para que su mundo no sea destruido.
Hasta aquí todo bien, una peli con moraleja; ser respetuoso con el débil.
Moraleja que nada tiene que ver con la práctica de los países poderosos, que no tienen reparo alguno en destrozar países donde haya algo que les interese.
Pero ya sabemos que el cine es una máquina de propaganda que resalta los valores más democráticos del mundo "civilizado".
Pero mi lectura de la película fue traer los personajes a la realidad.
Los pobladores azules serían los Afganos, o los Iraquíes.
En Afganistán está el mayor yacimiento del mundo de silicio, y en Irak haces un güá para jugar a las canicas y sale un chorro de oro negro.
Los americanos, en su papel de invasores impasibles, hacen cualquier cosa, básicamente invadir militarmente, con el fin de lograr esos preciados recursos.
David Cameron, director de la película, no ha podido obviar mi lectura, y se posiciona junto a los "hombres azules" (los Afganos e Iraquíes), enemigos de su país, pero nadie ha parecido darse cuenta de esa lectura.
El detalle que me llevó a esta conclusión fue que en una de la pequeñas escaramuzas de los americanos contra los indígenas azules, las mujeres azules, ante una aparente y efímera victoria, emiten el característico sonido que las mujeres árabes hacen en momentos de gran alegría o tristeza.
¿A cuento de qué venía ese grito de guerra árabe en una película americana con protagonistas que nada tiene que ver con ese mundo, y en pleno conflicto bélico entre América e Irak?
"Avatar" ha recuperado de sobra lo que costó hacer la película, algo impensable si el Sr. Cameron hubiera situado el escenario en Afganistán, en vez de recuperar los millones de dólares de la producción, le habrían tachado de antipatriota.
Ha sido más listo que todos los de la industria del cine americano juntos, ha ganado dinero, se ha hecho más famosos de lo que era, le han llovido premios y ha dicho lo que quería decir, aunque no todos se han enterado.