martes, 29 de agosto de 2023

Borges es inspiración.

 He leído esta frase en algún sitio; “No escribo para ser escritor, escribo para ser libre” no recuerdo dónde la había leído, así que la he googleado y resulta que es de una frase del inmenso Borges.

La suscribo palabra por palabra.

Este blog es el reflejo de esa frase, no creo que ninguna de mis entradas haya tenido alguna vez más de 125 lectores y, aunque agradezco el tiempo a cada uno de ellos, no es ese mi fin.

Escribo para reírme, para inventar, para dejar volar la imaginación, para construirme y crecer, porque quien escribe viaja en cada página a tiempos pasados o futuros, a lugares creados solo por y para nosotros, donde saltar haciendo piruetas es posible, donde meterse en la piel de otros y vivir mil aventuras solo es cuestión de deslizar la pluma por el papel, ser libre de ser lo que se quiera ser.

Muchos influencers nos animan a escribir cada día, mis admirados @currocanete, @lasclavesdesol, a plasmar impresiones, sensaciones, sentimientos en un papel, dejarlo guardado unos días y rescatarlo para leerlo, es sorprendente lo sólido que puede ser algo escrito hace tiempo, como te reconoces en esas palabras, como te afianzas y te construyes con ellas.

Te animo a crear un blog o a usar una humilde libreta, aunque no sé lo digas a nadie, aunque solo tú te leas, será el rincón donde retratarte sin miedos, sin convenciones, por si algún día te pierdes, saber donde encontrarte.

domingo, 27 de agosto de 2023

Gotas caen

 Si, por fin han caído unas gotitas de lluvia, esta noche ha llovido, el calor se ha convertido en bochorno y allí estaba yo en pie a la tres de la mañana, en la terraza, mirando el cielo encapotado buscando algo de fresco.

Confieso que la costillita fisurada me tiene sin dormir bien, en la cama el dolor aumenta, no encuentro la postura y me desespero. Por el día no me molesta tanto, hago vida normal, con cuidadito, más despacio todo, pero normal, ale las noches son jorobadas. Ya han pasado dos semanas desde el porrazo, el dolor de la costilla y de la rabadilla es menor, pero sigue siendo molesto. 

No quiero ni pensar en quienes se rompen varias costillas en una caída o accidente, lo mal que lo deben pasar. Mi experiencia en brazos rotos, tobillos fisurados, dedos fracturados es extensa; crecí muy rápido en la adolescencia y eso hizo que mis huesos fueran frágiles, y esto junto a mi habitual torpeza hicieron que mi padre pasara conmigo muchas horas en urgencias y que haya llevado escayolas en todas las extremidades de mi cuerpo, por eso digo que compadezco a quienes se rompen las costillas, no hay comparación, lo incómodo que es no descansar, no encontrar la postura correcta por las dichosas costillitas.

Dicen que en cuatro o seis semanas se curará, a base de ibuprofeno sigo y cuento los días para llegar a las cuatro semanas.

Aún con dolor de culo he salido a andar en este domingo lluvioso, ha refrescado y ha sido un placer sentir la brisa fresca junto al mar y no el fuego que desde hace días se cuela por las ventanas de casa.

¿Van a poder conmigo un coxis y una costillita doloridas? Pues no.

Ahí os dejo una foto del cielo lluvioso de hoy. Feliz domingo.




sábado, 26 de agosto de 2023

El Rito Ineludible

La tía Luisita murió el miércoles.
Me llamaron para decírmelo apenas pasó, creo que fui la única persona a la que llamaron. El resto de familia hace años que no tenían contacto con ella.
Me dijeron que me dirían a qué tanatorio iban a llevarla, que aún no lo sabían, porque aún tenía que ir el forense para certificar la muerte natural. Ya ves con ochenta y pico años, hacía meses que vivía en la inconsciencia total.. ¡Y tenía que ir un médico a asegurar que había fallecido de puro agotar la vida!
Al día siguiente tuve que llamar yo para saber dónde estaba, hablé con un primo lejano de mi padre al que ni siquiera conozco en persona. Quedé en que me pasaría a la tarde a despedirme de ella, era muy religiosa mi tía y un último Padre Nuestro a su lado era lo que creía debía hacer.
Aparecí por allí sobre las cinco de la tarde, hacía un calor insoportable, y en el hall del tanatorio vi a mi tío Pepe, flanqueado por dos personas que le ayudaban a caminar, sólo le reconocí a él, otras tres personas iban en el grupo, tuve que presentarme porque el tío Pepe no conoce ya a nadie.
En fin, resumido que se iban a casa ya, llevaban todo el día velando a la tía Luisita, y Pepe no estaba para estar fuera de su casa mucho tiempo.
Habían cerrado la sala de la difunta y le pedí a José; el recién descubierto hijo de mi tío Pepe, que me abrieran cinco minutos para despedirme. Era la primera vez que nos veíamos, hace apenas unos meses supe de su existencia, 42 años, casado, con dos hijos y con un padre, mi tío, que había ocultado toda su vida tener un hijo.
Fue agradable conmigo, me dejo en total soledad con mi tía, supongo que se quedó fuera de la sala para darme intimidad.
Recé un Padre Nuestro y rogué por su alma.
Salí rápido, no quería hacer esperar a los demás.
Fue sin duda la vez que menos tiempo he pasado en un tanatorio.
Intercambié tarjeta con mi nuevo primo, y quedamos en comer algún día, supongo que tiene muchas preguntas que hacerme, aunque yo también tengo unas cuantas.
Cogí el coche y me invadió esa desazón que me inunda cuando voy a donde nos despedimos de los muertos.
El viernes a las nueve de la mañana la enterraban, no fui al cementerio, a esa misma hora, volando, recé una oración por ella, la sentí cerca en el cielo.

sábado, 19 de agosto de 2023

Paseos playeros

Es verdad que los paseos mañaneros por la playa no son tan productivos como los viajes en el Metro Madrileño en donde la fauna es variopinta y diversa a más no poder, en el litoral casi todos nos comportamos parecido. Cuando logras salir de casa, una pila de toallas, bañadores secos, cremas untadas, capazos con peines, pareos y otras cosas siempre necesarias, nunca utilizadas, cubitos, palas y casa recogida con comida preparada para la vuelta, entonces empieza el ritual de encontrar el mejor sitio cerca de la orilla, que a las horas que llegamos ya no queda ni medio centímetro, pinchado de sombrilla en quinta línea, silla y toalla a la sombra, lectura de periódico, cervecita en el chiringuito, limpieza de arena de pinreles y a casa a descansar de la dura mañana. 

Tiempo de relax total con el sonido de las olas rompiendo en la orilla, risas de críos disfrutando y el pin pan de los jugadores de pala que siempre son muy distraídos de mirar. Yo me decanto por analizar el bañador de fulanita o menganito, la cantidad de tela de uno u otro, tomo nota para la próxima temporada primavera-verano, y por supuesto siempre surgen comentarios sobre las voluptuosidades de paseantes y paseantas, la puñetera envidia es así.

Pues si, en el paseo de hoy nos hemos cruzado con dos hippies entraditos en años, con rastras hasta donde la espalda pierde su casto nombre, y roña acumulada de cuando les empezaron a crecer las mismas, discutiendo. No es que me sorprenda que dos personas discutan en la calle, tampoco es que fuera una bronca de las de llamar la atención por su virulencia, lo sorprendente es que ambos gachos se llamaban de usted.

“Si, porque usted me dijo que… No, no, no fue usted quien me dijo que.. “

Eso si, los dos con su latita de cerveza en la mano, usted por aquí, usted por allá..

Me ha chirriado ese lenguaje tan formal, uno espera que se tuteen, que se digan “colega o tronco”, pero lo de usted me ha pasmado y es que, ya lo dice el refrán: “No se puede uno fiar de las apariencias, que engañan”

viernes, 18 de agosto de 2023

Cumpliendo años

 Me comentaba, el otro día, mi prima Pilar lo poco agradable que es cumplir años, claro que la otra opción, no cumplirlos, es mucho peor, creo yo.

Bueno, pues eso, que se quejaba de que dando un salto en la piscina para zambullirse en la refrescante agua, se había roto los ligamentos del gemelo y que andaba como la Nancy. Tiesa perdida.

En una cosa le doy la razón a mi prima y es en como se pierde agilidad con los años, incluso entrenando.

Andaba yo en los Madriles en mi casita, tralari tralará , dando a los muebles de madera “Pronto”, rodilla incada en el suelo, trapo va trapo viene, cuando me fui a levantar, zas, perdí el equilibrio, ¡ostia que te crio!

Por no agarrarme y tirar la mesa que estaba limpiando, con todas las fotografías de la familia encima, decidí, en décimas de segundo, dejarme caer sin darme cuenta que mi corpachón se iba escorando peligrosamente, en la caída, hacia la zona de unos sillones fraileros, de muy buena y dura madera, con unos brazos salientes sólidos y labrados, que me golpearon sin astillarse lo más mínimo, que yo les cuidó la mar de bien. 

Resultado final, los muebles limpios como la patena, hidratados y brillantes, cardenal en la pierna y el brazo, costilla fisurada, rabadilla dolorida, golpe en la cabeza, confianza por el mismo sitio que rodé, por los suelos.

Ando ahora torpe de narices, con dolores en el tronco cada vez que me muevo y sentarse tampoco es solución, que la rabadilla anda de un color morado oscuro que asusta, me dicen que esto va para varias semanas. ¡Alegria¡

Pero lo peor es la cama, toda la noche en la misma posición, respirando flojito, la odisea del acostamiento y el levantamiento mejor no contarla para no aburrirte, la lentitud de movimientos procurando evitar dolor es una técnica depurada en mi caso ya… En fin ¡Ays prima, como te entiendo!