lunes, 8 de enero de 2024

Y vamos para bingo!

 Pues si el año había empezado regular, la cosa se va torciendo día a día.

Hoy he dormido cuán lirón dormilón, pero a eso de las 8 de la mañana ya había alguien por casa haciendo ruiditos. Me he levantado con pocas ganas, y ahora que lo pienso, mejor me hubiera ido si me quedo en la cama.

Resulta que alguien muy limpísimo, vamos mi madre, que ya había desayunado ya estaba maquinando como entretenerse en el día de hoy, ha decidido que los armarios de la cocina tenían mucho polvo por dentro y que alguien, vaya mi menda lerenda, se agachara en los armarios bajos y se pusiera de puntillas en los altos, que ella no llega.

Vamos que mientras terminaba yo el ultimo pedazo de roscón que quedaba en la cajita de cartón, con mi boldo mañanero, estaba ella quejándose en la cocina de lo dificultoso del trabajo maquinado y hasta que no he ido a hacerlo yo no ha habido fiesta.

Ponte de rodillas, saca aperos, limpia, todo a su sitio, ponte de puntillas saca cacerolas, limpia, todo a su sitio. 

En esto ha visto, mi señora madre, un azucarero y ha querido guardarlo en otra alacena, en otra habitación. 

A los pocos minutos, yo bayeta en mano, escucho mi nombre entre quejidos, ay, ay, ay.

Cuando llego, segundos después, la encuentro en el suelo sin poder levantarse, que tenemos un peso y una edad, y más ays, ays, ays.

Al intentar levantarla me ha dado un crujido la espalda que aún me resuena en el cerebro, me he tirado al suelo pensando que me había “escojonao” para los restos. 

He tenido que llamar a un vecino para que me ayudara, vamos que la ha levantado el solo, que a mi hasta andar me costaba, en mi pobre defensa diré que esté vecino, buen samaritano, era celador en un hospital y sabe cómo levantar a una persona, no como yo que lo hice al revés y así me ha ido, que estoy a base de Ibuprufeno y flogoprofen.

Ale la parte buena, la cocina ha quedado para comer sopitas y mi señora madre ni un dolorcito oyes.