viernes, 8 de enero de 2016

¡Carmena, Carmena, no te lo perdonaré jamás!

Mi vuelta a Madrid ha sido un remolino de sensaciones.
Por un lado, tras unos días de ausencia, necesito el ritmo de la capital, debe ser enfermizo, pero mi cuerpo y mi mente están acostumbradas al enganche de la velocidad de Madrid y, como una droga, tengo mono tras unos días fuera.
Por otro lado, Madrid está guarro, cerdo, cochino y puerco. Me da pena que mis calles estén así.
Circulando por los túneles de la Avenida del Mediterráneo las hojas secas, caídas de los árboles, cubrían el parabrisas, he frenado porque apenas veía, y eso nada más llegar.
En las aceras se acumula la basura, y caminar es un peligro.
Y lo digo por experiencia propia.
Como ya he dicho otras veces, voy y vengo caminando a la oficina, y ayer en la Plaza de Juan Zorrilla algo me pinchó en la planta del pie izquierdo; un trozo de botella rota, enmascarada entre la porquería variada que había en la acera, me atravesó la suela del zapato.
El cristal se quedó clavado, tuve que apoyarme en una pared para arrancarlo de la suela.
Seguí andando hasta casa, notaba una pequeña molestia en la planta, pero no le di importancia.
Al descalzarme he visto que el interior del zapato estaba manchado de sangre, y mi pie tenía un corte digno de un afiladísimo cristal de botella roto.
Querida Alcaldesa Carmena; a mi los Reyes Magos vestidos de colorines me dan igual, vaya que me la suda.
Ahora, lo que me jode es que por ahorrar ustedes yo me tenga que dar puntos en la planta del pie, por eso me añado a la campaña de: "Carmena, no te lo perdonaré jamás" ¡Que lo sepas!