martes, 5 de enero de 2010

Víspera de Reyes

Hay días, aunque sean víspera de Reyes, que todo es gris.
Quizás sea mi estado de ánimo tras variados cabreos laborales que he concatenado esta semana.
Quizás que hoy fui al médico, y mientras esperaba llegó una anciana con una mujer de color que la ha llevado con mimo hasta un asiento, las he mirado y he sentido una extraña mezcla de ternura y tristeza, la mujer mayor balbuceaba sonriendo, hemos cruzado las miradas y ella ha murmurado algo, que iba dirigido a mí, pero no he entendido nada, sus ojos vivos y la mirada franca chocaba con la cabeza perdida que sin duda tenía.
La mujer de color me ha preguntado si yo esperaba al Dr. Dalcio, y le he dicho que ese médico pasaba consulta en el piso de arriba. Ha puesto cara de fastidio, y ha levantado lentamente a la anciana, el ascensor ha abierto sus puertas en ese momento y me apresurado a sujetar que las puertas no se cerraran, alguno de los que iban en el ascensor han carraspeado sonoramente haciéndome ver que tenían prisa, pero yo no tenía ninguna, una vez dentro las mujeres, hemos cruzado miradas y sonrisas, ellas han desaparecido, la tristeza y la ternura se han quedado conmigo todo el día.
Quizás que cuando, por fin, me ha llamado el médico, me ha dicho que tenía que irse a una urgencia y que, o esperaba, o volvía otro día.
Quizás que al salir llovía y no llevaba paraguas.
Quizás que he llegado tardísimo a la oficina, y todo se me ha acumulado en la mesa.
Quizás que esperando el metro una persona de la limpieza ha empezado a tirar porquería sobre las vías, bien a la vista de todos, era una chica de no más de veinte años, su lenguaje corporal era de pura chulería, la he mirado con desprecio, así va el país he pensado, pero no he tenido arrestos para decirle nada, con el día que llevaba, capaz hubiera sido la chavala de tirarme a la vía a mi también.
¡Ole la víspera de Reyes!