El plan para el domingo era estupendo, pizza casera para comer en casa de mi hermano, y por la tarde "Avatar" en tres dimensiones, con gafitas de esas negras.
La nevada empezó justo al terminar la pizza, todos pensamos que serían cuatro copos, y que después del cine no habría problema alguno.
¡Ilusos!
Salir del aparcamiento subterráneo del Heron City fue fácil, lo peor vino cuando tuve que frenar y el coche se fue a hacer puñetas.
Una vez retomado el control, y en una calle cuesta arriba, el de delante se paró y ya no hubo forma de seguir sin que dos voluntarios empujaran un poco.
Gracias al programa de nieve que tiene el coche, sino aún seguiría allí, y sin cadenas.
La carretera de la Coruña estaba llena de nieve, me coloqué en filita india detrás de otros ilusos y, a 50 kilómetros por hora y con todos los sentidos al máximo, llegamos a Madrid.
El túnel de Cristo Rey amenazaba pavimento deslizante, pero me metí encomendándome a todos los Santos del Cielo.
Gracias a ellos llegué a casa y hasta encontré sitio cerca del portal.
Como testimonio hice estas fotos, aún con el acojone en el cuerpo, que hacía años que no veía tanta nieve en la carretera.