Desde hace algún tiempo estoy frecuentando más locales de comercio chino, los antiguos "Todo a Cien", que el Supercor de al lado de casa, y es que la crisis se acusa en cosillas pequeñas.
Por ejemplo, el otro día fui a cambiar las baterías de tres relojes a una joyería, como he hecho muchas otras veces cuando las manllas han dejado de moverse.
Llegué al relojero y le pregunté cuanto me costaría, y el caballero me salió con un discurso de la calidad de los relojes, de patatín de patatán, total y resumido; 5 euros por cambiar cada reloj.
Le agradecí amablemente que valorara en tan alto mis tres relojes; dos miserables "Lotus" y un "Paul Versan" y me fui a un chino, en la siguiente esquina, compré tres pilas por 0,60 cada una y me fui a casa a medir mi habilidad relojera.
He de decir que soy bastante manitas, y me resultó coser y cantar cambiar las baterías y dejar los tres relojes en marcha, con la hora y la fecha correcta. Total de la factura 1,80 euros.
Hoy también me he acercado a un chino a comprarme unas sopas para tomar algo caliento, que el frío en Madrid es intenso, y me ha surgido la duda ¿Porqué todos los chinos tienen las uñas de los dedos tan largas?
¿Para tocar la guitarra? No, me parece que eso no va a ser..
¿Rascar al perro o al gato? No, eso tampoco, que tengo entendido que alrededor de los chinos no quedan vivos ni gatos ni perros.. Ñam, Ñam cerdito agridulce..
¿Sacarse mocos? Pues eso me cuadra más, porque cada día me parecen más guarros estos chinos, menos mal que son baratos.
Ale, Ale, que os aprovechen el arroz tres delicias y la ternera al curry.
jueves, 14 de enero de 2010
lunes, 11 de enero de 2010
Nieve en Madrid
El plan para el domingo era estupendo, pizza casera para comer en casa de mi hermano, y por la tarde "Avatar" en tres dimensiones, con gafitas de esas negras.
La nevada empezó justo al terminar la pizza, todos pensamos que serían cuatro copos, y que después del cine no habría problema alguno.
¡Ilusos!
Salir del aparcamiento subterráneo del Heron City fue fácil, lo peor vino cuando tuve que frenar y el coche se fue a hacer puñetas.
Una vez retomado el control, y en una calle cuesta arriba, el de delante se paró y ya no hubo forma de seguir sin que dos voluntarios empujaran un poco.
Gracias al programa de nieve que tiene el coche, sino aún seguiría allí, y sin cadenas.
La carretera de la Coruña estaba llena de nieve, me coloqué en filita india detrás de otros ilusos y, a 50 kilómetros por hora y con todos los sentidos al máximo, llegamos a Madrid.
El túnel de Cristo Rey amenazaba pavimento deslizante, pero me metí encomendándome a todos los Santos del Cielo.
Gracias a ellos llegué a casa y hasta encontré sitio cerca del portal.
Como testimonio hice estas fotos, aún con el acojone en el cuerpo, que hacía años que no veía tanta nieve en la carretera.
martes, 5 de enero de 2010
Víspera de Reyes
Hay días, aunque sean víspera de Reyes, que todo es gris.
Quizás sea mi estado de ánimo tras variados cabreos laborales que he concatenado esta semana.
Quizás que hoy fui al médico, y mientras esperaba llegó una anciana con una mujer de color que la ha llevado con mimo hasta un asiento, las he mirado y he sentido una extraña mezcla de ternura y tristeza, la mujer mayor balbuceaba sonriendo, hemos cruzado las miradas y ella ha murmurado algo, que iba dirigido a mí, pero no he entendido nada, sus ojos vivos y la mirada franca chocaba con la cabeza perdida que sin duda tenía.
La mujer de color me ha preguntado si yo esperaba al Dr. Dalcio, y le he dicho que ese médico pasaba consulta en el piso de arriba. Ha puesto cara de fastidio, y ha levantado lentamente a la anciana, el ascensor ha abierto sus puertas en ese momento y me apresurado a sujetar que las puertas no se cerraran, alguno de los que iban en el ascensor han carraspeado sonoramente haciéndome ver que tenían prisa, pero yo no tenía ninguna, una vez dentro las mujeres, hemos cruzado miradas y sonrisas, ellas han desaparecido, la tristeza y la ternura se han quedado conmigo todo el día.
Quizás que cuando, por fin, me ha llamado el médico, me ha dicho que tenía que irse a una urgencia y que, o esperaba, o volvía otro día.
Quizás que al salir llovía y no llevaba paraguas.
Quizás que he llegado tardísimo a la oficina, y todo se me ha acumulado en la mesa.
Quizás que esperando el metro una persona de la limpieza ha empezado a tirar porquería sobre las vías, bien a la vista de todos, era una chica de no más de veinte años, su lenguaje corporal era de pura chulería, la he mirado con desprecio, así va el país he pensado, pero no he tenido arrestos para decirle nada, con el día que llevaba, capaz hubiera sido la chavala de tirarme a la vía a mi también.
¡Ole la víspera de Reyes!
Quizás sea mi estado de ánimo tras variados cabreos laborales que he concatenado esta semana.
Quizás que hoy fui al médico, y mientras esperaba llegó una anciana con una mujer de color que la ha llevado con mimo hasta un asiento, las he mirado y he sentido una extraña mezcla de ternura y tristeza, la mujer mayor balbuceaba sonriendo, hemos cruzado las miradas y ella ha murmurado algo, que iba dirigido a mí, pero no he entendido nada, sus ojos vivos y la mirada franca chocaba con la cabeza perdida que sin duda tenía.
La mujer de color me ha preguntado si yo esperaba al Dr. Dalcio, y le he dicho que ese médico pasaba consulta en el piso de arriba. Ha puesto cara de fastidio, y ha levantado lentamente a la anciana, el ascensor ha abierto sus puertas en ese momento y me apresurado a sujetar que las puertas no se cerraran, alguno de los que iban en el ascensor han carraspeado sonoramente haciéndome ver que tenían prisa, pero yo no tenía ninguna, una vez dentro las mujeres, hemos cruzado miradas y sonrisas, ellas han desaparecido, la tristeza y la ternura se han quedado conmigo todo el día.
Quizás que cuando, por fin, me ha llamado el médico, me ha dicho que tenía que irse a una urgencia y que, o esperaba, o volvía otro día.
Quizás que al salir llovía y no llevaba paraguas.
Quizás que he llegado tardísimo a la oficina, y todo se me ha acumulado en la mesa.
Quizás que esperando el metro una persona de la limpieza ha empezado a tirar porquería sobre las vías, bien a la vista de todos, era una chica de no más de veinte años, su lenguaje corporal era de pura chulería, la he mirado con desprecio, así va el país he pensado, pero no he tenido arrestos para decirle nada, con el día que llevaba, capaz hubiera sido la chavala de tirarme a la vía a mi también.
¡Ole la víspera de Reyes!
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