De nuevo me han invitado a una visita privada al Prado, esta vez el pintor es Juan Antonio Maíno, artista que ha pasado por la historia eclipsado por Caravaggio, el Greco o Gentileschi.
De padre Milanés y madre Lisboeta, nació en Pastrana, Guadalajara, porque su padre era comerciante de telas y en esa localidad en 1581, año en que nació Juan Bautista, había un pujante negocio de telas.
Quizás por eso en sus cuadros el colorido de los ropajes es lo que más me ha llamado la atención.
Cualquier colección del Prado merece la pena ser visitada, y esta no es menos.
La guía magnifica, una señora entrada en años, a quien el amor al arte se le escapaba en la mirada y en cada palabra, nos ha empapado de la historia de Maíno.
El remate del tomate ha sido el cóctel en el Ritz, cavita rico y delicatessen variadas. Hasta turrón y polvorones, pero ya no podía más y he pasado de dulce.
Una noche estupenda, un poco fría, eso sí.