De camino a la oficina, esta mañana, me he cruzado con el hombre invisible.
Si, el hombre invisible.
Cierto es que hacía frío, y que hay que abrigarse bien, pero el tipo iba cubierto entero.
Zapatos, pantalón, abrigo corto, guantes, bufanda subida hasta la nariz, gorro calado, orejeras y gafas de sol.
No se le veía nade de carne, y al cruzarnos he tratado de desviar la mirada, porque yo a él no le veía los ojos, pero no he podido, ha sido una visión total, me ha venido el recuerdo de Kevin Bacon en la película, envuelto por completo con ropa para poder tener un poco de presencia humana.
Y he pensado que se estaba quedando con todo el mundo y que "ande yo caliente y ríase la gente", ya lo dijo Quevedo..
Pero no ha sido la única experiencia del día de hoy, es lo que tiene callejear.
He ido al banco Santander, siempre voy a la misma sucursal, porque esta muy cerca, no por la amabilidad del cajero, que es más sieso que yo que sé, ni por la rapidez, siempre hay cola, pero me pilla cerca.
Me he colocado en la cola, cuatro personas delante de mi, he respirado profundo; paciencia.
Sergio Dalma sonaba por el hilo musical, o eso pensaba yo, cuando de repente oigo a una de las administrativas cantando a todo volumen el estribillo de la canción, el tío delante de mí y yo nos hemos mirado sin entender nada.
La música venía de la mesa de la susodicha, que cantaba como si nadie estuviera delante, y ha seguido durante toda la canción.
Y es que estamos todos medio grillados, por no decir enteros, y que no falte, que vivir cuerdos sería muy jorobado.
Mañana Alicante.. Paz, sol y mar.. Que ganas tengo.