Madrid me inspira.
Esta mañana, temprano, caminado hacia la oficina he visto a un hombre, frisando los ochenta, parado en medio de la acera, tiene parkinson y trataba de dar un paso sin moverse del sitio, con ese baile tan típico de esos enfermos.
Lo sé porque mi abuela padeció esa enfermedad y recuerdo su "baile del sambito" como le llamábamos mi hermano y yo, entonces éramos dos micos que no entendíamos qué le pasaba y como debía sufrir.
Ayer ya le vi con una cuidadora caminado por la calle, dando pasos cortos e inseguros, de la mano de la mujer. Esta mañana estaba solo, con su garrota tratando de moverse.
Me he parado a su lado y le he preguntado si quería que le ayudara.
Lo primero que me ha pedido ha sido una ayuda para tomarse un café.
Me ha descolocado por completo, aun así le he ofrecido el brazo para apoyarse y acercarnos a una cafetería. A pesar de estar a pocos metros nos ha dado tempo a conversar unos minutos, me ha contado que había sido profesor de Geografía e Historia.
Me he atrevido, ahora me arrepiento, a preguntarle como era que un profesor jubilado tuviera que pedir dinero para tomarse un descafeinado, se ha parado, me ha mirado y me ha confesado que su hermana le administra el dinero, que si por él fuera se lo gastaría todo a primeros de mes, pero que ella le cuida, le lava, le calza y le da dinero cada día para que salga a la calle a gastarlo.
Al llegar a la cafetería, le he dejado el dinero de un café a un camarero y he seguido mi camino.
Espero que mi abuela, allá donde esté, se haya sentido orgullosa y me haya perdonado la ignorancia.