lunes, 25 de enero de 2021

Las ratas abandonan el barco

No hay que ser muy marinero para saber que cuando las ratas comienzan a saltar del barco es momento de abrocharse el chaleco salvavidas y buscar una lancha que te evite el chapuzón, porque el barco se va a pique si o si.

En plena tercera ola, con un panorama sanitario malísimo, el señor ministro va a dimitir para comenzar la campaña electoral en Cataluña, donde las encuestas el dan como ganador.

La jugada es arriesgada.

Si, en efecto, gana las elecciones Catalanas, el ministro Illa, el panorama político español y la presión de los independentista va a cambiar radicalmente, pero... ¿Y si, como yo preveo, esta táctica no sale bien y los constitucionalistas no suman mayoría suficiente para gobernar en Cataluña? 

Batacazo doble.

A mi la dimisión del Sr. Illa, maniobra del partico sin duda, me parece, más allá del juego político, poco estética, bien entenderá el Sr. ministro qué quiero decir con estético, que yo también me chupé cinco años de Filosofía Pura en la Autónoma y tengo mi titulo bien enmarcadito en el despacho.

Abandonar ahora, cuando los sanitarios están diciendo que en pocos días van a tener que tomar decisiones de quienes viven o quienes mueren es, cuando menos, poco estético.

Saltar de un barco que se hunde para acomodarse en otro "aparentemente" más seguro, dejando atrás a marineros disciplinados que hemos seguido las ordenes del "capitán" sin rechistar no es muy digno, menos aún cuando se nos va a querer hacer ver que la decisión más correcta es que el capitán abandone el barco el primero y no el último.

Correcto sería no pensar en los votos y si en las personas que mueren cada día y en los sanitarios que se dejan la vida haciéndolo.

Seguro que nos dejan a una ministra sustituta magnifica, que no lo dudo, que hasta lo hará mejor, que no es difícil, pero es el acto en si, la sensación de ahí os quedáis que yo me voy a lo mío que me interesa más.  

Yo, si votara en Cataluña, o en cualquier otra comunidad, y fuera votante del PSOE me lo pensaría muy mucho el volver a votarles.





domingo, 24 de enero de 2021

Carmen Mola, mola, mola.

 Cayó en mis manos la trilogía de Carmen Mola, novela negra “pata negra”. 

“La novia gitana”, “La red púrpura” y “La nena” editadas por @anagrama.

Ya me he bebido los dos primeros y arrancando estoy con el tercero, ansia viva. No sé qué pasará cuando lo acabe, me costará encontrar emoción en las líneas de otros libros, es lo que tiene el confinamiento voluntario, tiempo para leer y pintar.

Al parecer Carmen Mola es un seudónimo, yo me jugaría una cena a que Carmen es Carmelo, pero sea lo que sea me está haciendo disfrutar, es una narrativa dinámica y muy visual, ideal para esta época pandémica donde pensar en profundidades no es sano para nuestro equilibrio mental, aviso que hay momentos duros, imágenes que se te quedan en la memoria durante días, que a lo mejor tampoco ayudan mucho a la salud mental, claro que como yo de eso no he andado bien nunca, pues sin problema.

Las trilogías no me suelen gustar, la primera entrega es la mejor, la única que suele interesarme.

Luego las editoriales, muy listas ellas, si el libro tiene cierto éxito, ponen en la mesa el contrato entre el autor y la empresa donde dice "claramente" que pueden "obligarte" a escribir una o dos entregas más, y ahí ya la hemos fastidiado porque ahora hay que correr para que no se pase la estela del éxito, y la hoja en blanco y la presión son malas inspiradoras, así que las siguientes novelas suelen ser relleno sin la frescura o emoción de la primera.

Esto me pasó con la trilogía de Juan Gómez-Jurado; "La Reina Roja" ,"Loba Negra" y "Rey Blanco", el primero me enganchó, los demás puff, entretenidos sin más, aunque al autor le reconozco el merito del oficio, y me quito el sombrero con "El emblema del traidor" que me leí hace tiempo y aún tengo en la memoria el escenario, tan bien descrito, de Sevilla siglos atrás.

En fin, que voy a seguir con la tercera entrega de la Carmen Mola, Mola Carmen, que me ha conquistado.

martes, 12 de enero de 2021

Nevada

Dice mi amigo Alberto, que se lo ha dicho un amigo Holandés, y en Holanda saben mucho de tulipanes y de nieve, que la nevada de estos pasados días es consecuencia de la glaciación que tocaba ya en el planeta tierra, y que si no se ha producido antes es por el efecto invernadero, el cual mantiene la glaciación a raya, holandés dixit.

Que conste que mi amigo Alberto es uno de los tíos más inteligentes que conozco, cuando hace años en una cena en el jardín de los Patxos, yo con mi titulo de Filosofía recién colgado en el despacho, Alberto desarrolló su teoría de la uniformidad humana, me pareció interesante.

Lo que decía es que si a un ser humano se le monta en un avión, sin que sepa su destino y se le lleva a un hotel en una calle principal de cualquier ciudad Europea, cuando ese individuo o individua mirara por la ventana del hotel, sería incapaz de decir en que lugar del mundo se encontraba.

Tiendas de ropa internacionales, burgers, la misma indumentaria en las personas, el mismo mobiliario en la habitación, la misma estructura de calles cuadriculadas, las mismas marcas de coches circulando. En fin, que el mundo se despersonalizaba.

Hoy esta teoría me parece muy frágil, igualitas Madrid que Viena o Ankara.

En fin, que no sé yo si creerme mucho la versión del amigo holandés de mi amigo Alberto.

La cosa es que la nevada ha sido una pasada, pasada, pasada, lo nunca visto. Citando a nuestra diseñadora más internacional, Ágata Ruiz de la Prada, durante la nevada; "Madrid era una fiesta".

Y si, lo fue mientras la nieve fue blanca y pura, ahora Madrid es una pista de hielo, y la fiesta nos dejó resaca.

Tres días después seguimos incomunicados, salir a por el pan es jugar a la ruleta rusa de las fracturas óseas, y bastante tienen nuestros pacientes sanitarios, ellos si que son pacientes.

No sé cuando volveremos a la vida de antes, a la de antes del "putocovid19", antes de la inminente glaciación holandesa, antes "cuando todo era sólido" que diría mi admirado Muñoz Molina, antes cuando las ciudades europeas parecían iguales, pero no lo eran.

lunes, 4 de enero de 2021

Ejemplos nonagenarios

La pandemia no da tregua ¡Y lo que te rondaré morena!

Cerca de dos millones de muertos en todo el mundo, ochentan y cinco millones de infectados.

En una de las primeras entradas desde el confinamiento escribí sobre la teoria de la conspiracion del virus chino. EE.UU. ha sufrido trescientos cincuenta mil muertos, y queda mucho para que las tan aplaudidas vacunas hagan posible la inmunidad de grupo. En Italia, Alemania, Francia o España cada día hay cientos de muertos, casi dos millones de fallecidos en un año. ¿Cuántos muertos hubo en la II guerra mundial?

Y China sigue distribuyendo imágenes de Wuham celebrando la entrada en el año en un concierto lleno de gente sin mascarilla, vaya igualito que la Rave de Llinars, solo faltaba en China la chavala con las tetas al aire, y que conste que me ha impresionado que con el frio que hacía la criatura fuera de esa guisa y no por el melonar tan bien puesto, claro que en la Republica China te despelotas y pasas siete días a pan y agua compartida con ratas en la cárcel.

El caso es que en China, aparentemente, no están infectándose a la velocidad del rayo como pasa en el resto del planeta ¿Por qué? Mi no entender ¿Dónde está la diferencia? ¿Nos ocultan que también allí se están muriendo como chinches? ¿Tienen ya una vacuna eficaz y segura y no la comparten con el resto de humanos sin ojos rasgados? Suponiendo que tengan ya una vacuna ¿por qué los EEUU y Europa no disponen de ella? ¿No la venden los chinos? ¿No la compran en respuesta a que de allí nos llegó el virus y que casi les vaciamos el país de mascarillas, respiradores y EPIS a precio de oro haciendo ricas a empresas no occidentales?

Me surgen tantas preguntas...

Las medidas restrictivas en Europa poco están siendo respetadas y la tercera ola se nos viene como un tsunami, solo espero que en las residencias de mayores les de tiempo a vacunarse y que la ola les llegue mansa.