lunes, 23 de noviembre de 2020

Abuelo al sol

Veo cada día, desde la ventana de mi nuevo despacho, a un hombre con bastón, pelo blanco y un chaleco verde.

Tendrá no menos de ochenta años y se le nota el carácter a distancia, apenas levanta los pies al caminar entre los árboles y cada día coge una silla de las que los vecinos dejan en el enorme jardín de su edificio y la arrastra hasta un claro donde se sienta de espaldas al sol, mirando las vías del tren.

Algunos gatos se acercan por si de sus bolsillos cayera alguna chuchería, juega con su bastón entre las piernas y pasa un rato contemplando los trenes pasar.

Hace unos meses no hubiera podido perder un solo segundo en contemplar al viejo desde mi ventana, primero y fundamental porque mi despacho daba a un patio de manzana, yo le llamaba "mi zulo", un lugar perfecto para concentrarse y trabajar sin parar.

Ahora, respiro, miro por la ventana, me tomo un café a la mañana viendo amanecer, y trabajo igual de bien, veo otras ventanas con luz a las siete de la mañana, somos legión teletrabajando.

Esta pandemia, ójala pronto llegue a su fin, dejará un panorama económico complicado, huecos en los corazones de demasiadas familias y muchas reflexiones.

Tantos hemos recapacitado sobre nuestras vidas.

La pandemia va a tener una parte positiva, si, entre tanto dolor, cambios vitales eternamente pospuestos van a acelerarse.

Me veo como el viejo del chaleco verde, mirando los trenes, soñando con subir a alguno y disfrutar del recorrido sin saber el destino, pintando el mar con sus hermosos azules.



sábado, 7 de noviembre de 2020

Tarumba II

 Hoy he trabajado, mucha fiesta, mucho puente en Madrid, pero a mi se me acumula el trabajo.

Sigo con mi informe pelicano.

Hoy escuché que Europa es el continente con más incidencia del Covid, EE.UU. el país con más mortalidad. 

En China las cifras de muertos son un engaño, no tengo duda sobre eso, pero no han tenido segunda ola del virus ¿Qué saben hacer los chinos mejor que Europa o Estados Unidos?

En la propaganda China sale vencedor, en la económica también; el mundo entero ha tenido que pelearse por respiradores, mascarillas, equipos de protección individuales, todo fabricado en China, curioso.

Nos han destapado las vergüenzas, mucho primer mundo, mucha democracia, y nos desmoronamos con la pandemia, nuestras economías languidecen.

Por otro lado puede que nos hayan hecho un favor. Ahora sabemos nuestras carencias industriales, y ya hay emprendedores nacionales fabricando mascarillas, respiradores y Epis.

Hemos descubierto que vivimos hacinados en ciudades superpobladas donde los virus campan a sus anchas, se ha duplicado la demanda de casas en el campo.

Comemos mierdas envasadas, esquilmamos mares, arrasamos bosques, nos cargamos la madre tierra, el consumo de cercanía toma fuerza.

¿Servirán todas estas muertes para cambiar nuestros hábitos?

Desde luego a mi me va a costar.



viernes, 6 de noviembre de 2020

Tarumba

Llevo un tiempo ausente, pero no dejo de pensar en los tres cientos muertos diarios que llevamos en esta semana. ¿Qué  puedo hacer yo? Pues quedarme en casa, aunque me joda, más me duele la muerte de tantas personas.
Llevo tambien un tiempo dándole vueltas a las estadísticas de los fallecidos.
La mayoría son mayores de sesenta y cinco años.
Muchos con patologías previas.
Resulta que el virus se ceba con estas personas ¿casualidad?
Ya he escrito en alguna otra entrada que no creo en las casualidades, mi profe de metafísica no me lo perdonaría, ni veinte años después de licenciarme.
Lo de que el virus es un invento humano empieza a no sonarme tan descabellado. 
Mi teoría conspiranoica, mi informe pelicano es:
Somos demasiados humanos en el mundo, hace años una guerra aniquilaba a millones de humanos y generaba hambre y riqueza a partes desiguales. Hoy una guerra en el primer mundo es impensable, después de Hirosima y Nagasaki, después de las bomba atómica y de hidrógeno, las guerras a “la antigua” no van a tener un escenario como Europa. ¿Casualidad que Europa haya sido el lugar con más muertos por no sé cuantos miles de habitantes? Nuestro continente, el más envejecido del mundo, va a tener unos cuantos cientos de miles de ancianos menos.
Los “jóvenes” que están falleciendo dejan puestos de trabajo vacantes.
El paradigma del trabajo y del consumo ha cambiado. 
El teletrabajo va a revolucionar todo.
¿Cuantos vamos a salir de la superpobladas ciudades para irnos a un pueblo con una buena conexión de internet? 
No sé, todo empieza a parecerme sospechoso, veo indicios de una limpieza de población mundial, muy sutil, muy bien enmascarada con un virus sin nación a la que culpar, un arma biológica simple y letal.
Ya digo, no sé, será que el confinamiento me ha vuelto tarumba.