La Rae da una sola entrada de esta palabreja; "gobierno de la muchedumbre o de la plebe".
Proviene del griego, por lo que deduzco que este tipo de gobierno es bien conocido desde la antigüedad, y aún así me sorprende que haya políticos que la practiquen en el siglo XXI.
En la oclocracia está el origen de los totalitarismos, el politico de turno gobierna sobre la falsa premisa de que lo hace apoyado por la mayoría, por el pueblo.
Enfrentada a la oclocracia, está la democracia participativa, en la que el consenso es indispensable en materia jurídica y constitucional, donde los derechos humanos y las libertades fundamentales son reconocidas.
La democracia participativa es una obra de todos, incluso de los que pierden las elecciones, porque todos contribuimos y formamos parte de la diversidad.
viernes, 30 de octubre de 2015
miércoles, 28 de octubre de 2015
Estimada Sra.Alcaldesa Dña. Manuela
Dña. Manuela, permitame que le escriba estas líneas.
Sé que usted las tomará como una critica constructipolvohojasmandato.
Quiero hacerle saber que su nombramiento me ilusionó, pensé, creí, que las cosas más visibles a los ciudadanos de a pie cambiarían rápido.
No dudo que usted lo esté intentando, pero le diré que no luce su esfuerzo.
Soy fácil de conformar, con unas calles limpias y un tráfico más fluido me bastaría.
Camino a diario a mi oficina, son cuarenta minutos de escuchar bocinazos mañaneros, y lo entiendo, de un tiempo a esta parte los atascos son diarios y continuos.
Usted me dirá que hay agentes de movilidad repartidos estratégicamente por la ciudad, y yo le diré que es verdad, yo los veo todos los días en cruces importantes, si allí están con sus teléfonos móviles quemando en sus manos, la cabeza gacha y los pulgares a toda mecha sobre la pantalla. Cono diría mi abuela; "como el que tiene un tío en Alcalá, que ni es tío ni es na".
La limpieza de las calles, si señora Alcaldesa, las aceras capitalinas están hechas un asco. Y usted me dirá que los ciudadanos somos unos cochinos, que lo tiramos todo al suelo, que somos poco cívicos, y yo le diré que lleva razón, que somos unos guarros los ciudadanos, pero sepa que yo voy haciendo zig zag por las rúas madrileñas, evitando moñigas de perritos con dueños muy puercos, bolsas de plástico rebozadas de polvo y hojas secas amontonadas por el viento y me pregunto ¿dònde están esas brigadas que prometía en campaña? ¿Dónde?¿En qué barrios están?
Señora Alcaldesa, estará ocupadísima usted en asuntos infinitamente más importantes que éstas menudencias que yo le cuento, pero sepa que para mí son muy importantes, que son mi día a día, y que me gustaría que nadie le tenga que decir que usted hizo buena a la Botella.
Sé que usted las tomará como una critica constructipolvohojasmandato.
Quiero hacerle saber que su nombramiento me ilusionó, pensé, creí, que las cosas más visibles a los ciudadanos de a pie cambiarían rápido.
No dudo que usted lo esté intentando, pero le diré que no luce su esfuerzo.
Soy fácil de conformar, con unas calles limpias y un tráfico más fluido me bastaría.
Camino a diario a mi oficina, son cuarenta minutos de escuchar bocinazos mañaneros, y lo entiendo, de un tiempo a esta parte los atascos son diarios y continuos.
Usted me dirá que hay agentes de movilidad repartidos estratégicamente por la ciudad, y yo le diré que es verdad, yo los veo todos los días en cruces importantes, si allí están con sus teléfonos móviles quemando en sus manos, la cabeza gacha y los pulgares a toda mecha sobre la pantalla. Cono diría mi abuela; "como el que tiene un tío en Alcalá, que ni es tío ni es na".
La limpieza de las calles, si señora Alcaldesa, las aceras capitalinas están hechas un asco. Y usted me dirá que los ciudadanos somos unos cochinos, que lo tiramos todo al suelo, que somos poco cívicos, y yo le diré que lleva razón, que somos unos guarros los ciudadanos, pero sepa que yo voy haciendo zig zag por las rúas madrileñas, evitando moñigas de perritos con dueños muy puercos, bolsas de plástico rebozadas de polvo y hojas secas amontonadas por el viento y me pregunto ¿dònde están esas brigadas que prometía en campaña? ¿Dónde?¿En qué barrios están?
Señora Alcaldesa, estará ocupadísima usted en asuntos infinitamente más importantes que éstas menudencias que yo le cuento, pero sepa que para mí son muy importantes, que son mi día a día, y que me gustaría que nadie le tenga que decir que usted hizo buena a la Botella.
martes, 27 de octubre de 2015
Inmaculada
Como decíamos ayer...
Viernes de la semana pasada, vuelta a casa a última hora de la tarde, miro el suelo o a los escaparates mientras camino, me cruzo con extraños que me miran con la misma mirada interrogante con la que yo les miro a ellos.
De repente veo una cara que me hace parar en seco. Me paro a su lado, está sentada en una terraza, tomando un café, lee entretenida una revista, no ha reparado en que tiene metro setenta y cinco de persona mirándole fijamente.
Dudo, está cambiada ¿Será ella o no?
Estoy a punto de irme cuando levanta la cabeza y me mira interrogante, esos ojos no tienen pérdida, es ella.
Le sonrió y le digo quien soy.
No parece reconocerme, me apena que no sepa quien soy, repite mi nombre esforzándose ¡Con lo importante que fue ella para mi!
Pero lo entiendo, han pasado tanto años, calculo que unas tres décadas.
En tan solo unos segundos se me acumulan cientos de recuerdos maravillosos, mi adolescencia, mi primera juventud, nombres y apellidos de compañeros de clase me vienen como flechas a la memoria, en los minutos que charlamos, y hacemos un resumen de estos treinta años, vuelvo a ser aquella persona llena de ilusiones, que se comía el mundo a bocados sin masticar, que creía saberlo todo.
Me dice que sí, que va acordándose de mí, yo creo que miente para quedar bien, pero no me importa, se lo agradezco, me vuelve a hacer sentir especial.
Nos despedimos, no sé si volveremos a vernos, lo dudo.
Sigo caminando a casa, voy con una sonrisa boba en la cara, revivo los días en los que Inmaculada, la profesora de inglés, entraba en clase con su "Good morning" y nos hablaba de "Cinderella", cuantas cosas aprendí con ella, fue una de las culpables de que nunca dejara de tener interés por otras lenguas, cuanto se lo agradeceré siempre.
Inmaculada enseñó a miles de alumnos ¿Cómo podía pensar que se acordaría a mí?
Me conformo con que me dijera que sí, que si se iba acordando de mi al despedirnos.
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