lunes, 21 de enero de 2019

Reciclemos si, pero en verano.

Soy de las personas que reciclan, si, papel, plástico, vidrio, orgánico, resto de basura.
Defiendo la agricultura ecológica, me congratula que en los mercados nos cobren las bolsas de plástico, viajó en transporte público siempre que puedo y sino a patita, bicicleta o patinete.
La ropa de algodón libre de materias tóxicas, el mercurio de los termómetros desapareció del cajón de las medicinas hace años, zapatos anatómicos, meditación, yoga y todo lo ecológico me priva.
Bueno, todo, todo, no.
Después del último gripazo, el cual aún colea después de una semana de sufrimiento mortal, he decidido que voy a comprar todo envasado con sus plásticos envolventes. ¿Y esto porqué? Fácil.
¿Te has fijado en el Mercadona en cómo la gente manosea las frutas y verduras?
¿Te has percatado de cómo el populacho tose, esputa sobre la mercancía?
Pues eso, que eliges unas naranjas con toda tu ilusión de vitamina C, para el frío pelón que esta haciendo en los Madriles, y lo que te llevas es un estornudo esparcido por las naranjas traidoras, que en cuanto las has tocado ya lo has pillado.
Si, mucha ecología, mucho reciclar, pero lo dejo para el verano que hay menos virus en el aire.
Ale, te dejo, que me toca el paracetamol. Achus....