viernes, 21 de septiembre de 2018

Baguettes

Hasta hoy, siempre que me contaban este chiste pensaba en lo exagerada que es la gente;
"Va uno a la panadería y pide un funcionario.
El panadero sorprendido pregunta - ¿Un funcionario?
Si hombre si, una "bagette" - contesta el cliente"
Bien,  hoy he comprendido que de exageración nada de nada.
He tenido que ir a recoger unos papeles a Hacienda, si esa que somos todos menos algunos millonetis.
Cita previa solicitada hace días, que sin cita no atienden, no vaya a ser que se nos estresen los señores funcionarios.
Llego a la maquinita que da el turno, recojo un numerito y a esperar.
Cuando por fin, 20 minutos después de la hora de cita previa, sale mi numero en pantalla, salgo a toda velocidad a la mesa correspondiente.
Le explico a la funcionara lo que necesito y me suelta:
- Pero con ese código de letra no puedo atenderle.
- ¿Cómo? - Pregunto sabiendo por la cara de la "bagetta" que me va a tocar volver otro día.
- No puedo atenderle con la letra "G", tenía usted que haber sacado la letra "H", venga conmigo a la máquina y le digo donde tiene que dar.
Me acompaña muy amable a la expendedora de turnos, lleva una sonrisa sádica en los labios, sabedora de lo que viene después.
Me indica con el dedo donde está la letra "H", se da media vuelta y se larga.
Me ha desalojado de su mesa con esa maniobra, y me ha dejado con cara de imbécil frente a la maquinita.
Intento sacar nuevo numerito, aunque me toque esperar otro rato, y la puñetera máquina me dice que sin cita previa no hay nada que hacer.
Me he dado la vuelta y me he ido con un cabreo fino.
Una vez en mi oficina, he vuelto a solicitar cita previa, acordándome de la "bagetta", que digo yo que qué trabajo le hubiera costado atenderme, si ella cumple sus ocho horas y se va a su casa tan contenta, pues no, el "vuelva usted mañana" de Larra sigue vigente. Solo me consuela pensar que donde tengo que volver no hay ventanillas, porque sino los "baguettes" me tendrían de una a otra toda la mañana.


jueves, 20 de septiembre de 2018

Sensaciones

Camino de casa, esquivando peatones, las prisas.
La bolsa con la compra clavándose en los dedos.
El teléfono en la oreja, cuello forzado para sujetarlo.
Hilar la conversación ¿no podríamos hablar en casa cariño?
Casi tropiezo con el tipo al que veo todos los días, camina despacio, metódico, calle arriba, calle abajo, mirando las papeleras, buscando algún cigarro a medio consumir.
Las suelas de sus zapatos gastadas.
Solo un segundo, una décima de segundo, una milésima de segundo, siento envidia.