sábado, 13 de marzo de 2010

Lagrimas

En Alicante, el fin de semana se prometía soleado, pero el día ha amanecido lluvioso y gris.
Los días grises, son más tristes con el mar cerca, el color del cielo y del mar se funden en un inmenso horizonte plomizo.
Mirando estaba por los ventanales, mirando a unos chavales jugando al fútbol en un campo de cemento, en otro tiempo municipal, hoy clausurado, esperando los terrenos para ser utilizados en la construcción de un moderno y vanguardista palacio de congresos.
En eso estaba cuando he visto a un hombre, la distancia no me ha permitido hacerme una idea de su edad, pero los 60 ya los había cumplido, barba y pantalón grises, austriaca verde, no parecía un indigente, pero en estos tiempos de crisis, quien sabe.
Su andar era el de un hombre enfermo, cada paso que daba era un ejercicio de ingeniería de sus piernas, apoyar talón, empujar cuerpo, apoyar punta, ahora la otra pierna.
Llevaba una especie de maletín en la mano, y con sus andares lentos se ha ido acercando a una zona apartada, llena de cascotes, ha dejado el maletín en el suelo, y se ha desabrochado el pantalón.
Mi primera idea ha sido que el hombre, con esa velocidad de crucero que llevaba, ha tenido la necesidad de aliviar la vejiga, pero no, no era la vejiga lo que necesitaba aliviar.
He apartado la mirada, por vergüenza, por asco, que sé yo.
El hombre debió pensar que era un sitio resguardado, pero no sólo yo le he visto, bastantes más personas han pasado y le han mirado.
Me he ido del ventanal, a pesar de no querer mirar, mis ojos se empeñaban en mirar.
Al volver he visto al tipo, de vuelta por el mismo camino de tierra por el que había llegado, con su peculiar andar y su maletín en la mano, se ha parado y ha sacado un pañuelo del bolsillo, se ha secado las lagrimas y luego los mocos.He sentido una pena enorme, y por un segundo me he puesto en su lugar, ya fuera un indigente sin un lugar donde hacer de vientre a gusto o bien un hombre limitado físicamente, sin tiempo para llegar a su baño tras un apretón, fuera lo que fuera, la escena ha sido triste, y poco me ha faltado para llorar a mí también.